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The Congress (2013)

The Congress
Trailer
6,7
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Sinopsis
La necesidad de dinero, lleva a una actriz (Robin Wright) a firmar un contrato según el cual los estudios harán una copia de ella y la utilizarán como les plazca. Tras volver a la escena, será invitada a un congreso, que se desarrolla en un mundo que ha cambiado completamente. Basada en una novela de Stanislaw Lem, se trata del retrato de un mundo que se dirige inevitablemente hacia la irrealidad. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Israel Israel
Título original:
The Congress
Duración
118 min.
Estreno
29 de agosto de 2014
Guion
Ari Folman (Novela: Stanislaw Lem)
Música
Max Richter
Fotografía
Michal Englert
Productora
Liverpool / Paul Thiltges Distributions / Pandora Filmproduktion
Género
Ciencia ficción Drama Animación Cine dentro del cine Sátira Distopía Animación para adultos
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Stanislaw Lem
8
Productos para la eternidad
Ari Folman tuvo la enorme, gran suerte, de que su debut en el cine se produjera a finales de los 2000 y no antes. También, de haber coincidido en fechas con una semi-edad dorada de la animación en la que independientemente de las producciones de estudios (Disney, Dreamworks, Pixar) salieron a la luz piezas de la calidad de "Mary and Max", "Princess", y sobre todo "Persépolis". "Vals con Bashir" se benefició así de este (aparentemente) renovado interés del público masivo por un tipo de animación más enfocado al espectador adulto, usando el medio hasta sus últimas consecuencias y no exclusivamente con un fin de llenar las salas. Con "The Congress" la intención es la misma: el mensaje es clave, la forma decisiva, y por supuesto no está condicionada por el intentar llegar a un target masivo.Folman sigue explorando su imaginario y ahora moderniza un relato de Stanislaw Lem, adaptándolo al contexto del mundo cinematográfico.

"The Congress" se abre con un primer plano de la guapísima Robin Wright, y sigue con un travelling hacia atrás en el que vamos alejándonos de su rostro mientras se nos plantea lo que vendrá a ser el eje de la historia: en un mundo en el que los actores no interesan una vez superada cierta edad, se plantea la posibilidad de inmortalizarlos en versiones digitales que serán utilizadas para arreglar los errores del pasado, para producir nuevas obras cinematográficas. El coste, para los actores, es desaparecer, retirarse de la vida pública, a cambio de la inmortalidad. Todo el primer bloque de "The Congress" es maravilloso, cuenta con diálogos extraordinarios, duros pero que resumen de forma muy creíble las vicisitudes que pasa este gremio en cualquier gran estudio de Hollywood, y llegado cierto momento (que tiene que ver con una sesión de captura de movimiento) es imposible no rendirse a lo que se ve en pantalla. Esta secuencia es, probablemente, una de las mejores que nos dará el cine de 2013, tan potente como aquel despertar en la playa de la extraordinaria "Vals con Vashir".

La primera mitad de la película es en imagen real y luego se introduce en el mundo de la animación. Es aquí donde el film gana en complejidad, las imágenes se superponen, la imaginación aflora, en lo que podría recordar levemente a la maravillosa "Paprika" de Satoshi Kon, o de forma menos frontal al "¿Quién engañó a Rober Rabbit" de Zemekis. No tanto temáticamente -en este último caso- como en la sensación de presentar numerosos iconos en cada plano y la necesidad de congelar la imagen para quedarse con todos. No se trata de un baño de cameos sin ningún tipo de fuerza sino que todo termina por encajar en una película con un final agrio, durísimo, que esconde reflexiones sobre el oficio del actor que pueden extrapolarse a cualquier otra situación vital, lo que la hace sumar puntos y ganar intensidad. Por si fuera poco cuenta con una banda sonora excelsa, una interpretación principal a la que no se le pueden poner pegas (ni una) y quizá, su único punto bajo, sea una relación familiar que ocupa parte del tiempo de pantalla. Pero "The Congress" es indudablemente una de las mejores películas de este año. Espero -y deseo- que le vaya tan bien como a "Vals con Bashir".
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61 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
¿Quién engañó a Robin Wright?
La evolución que tiene El congreso es la que hemos visto en cientos de películas. La secuencia de pensamiento puede ser más o menos así:

“Buen inicio, qué original, buenas interpretaciones, la chavala (Sami Gayle) lo hace bien, ¡Harvey Keitel! Bien, bien. Además trata sobre el cine y sus perspectivas de futuro. Interesante. De lo mejor y más original que he visto últimamente”.

A mitad de metraje:

“Se les está yendo un poco la pinza con las animaciones, pero no va mal. Bueno, la verdad es que empiezo a perder el hilo. ¿Qué me está contando? ¿Y la química esa cómo funciona? ¿La controlamos nosotros o nos controla ella? ¿Lo que vivimos lo produce nuestro subconsciente o nuestro consciente? Es decir, ¿elegimos dónde queremos estar y cómo? A veces parece que sí, a veces parece que no. Bueno, vamos a dejar que fluya y tal… Si hay oscuridad es que queremos que haya oscuridad ¿no?”.

Al final:

“Vaya por Dios, otra historia desaprovechada. Abarcaba tanto en un principio, que al final tiró por la calle de en medio. Moraleja sobre la verdad verdadera, las drogas y la familia y melodrama para cerrar. Bah!”

Otro director que no sabe cómo terminar de forma eficaz una buena historia. La primera mitad de metraje, incluyendo la introducción de Robin en el mundo animado es notable. Se plantean diversas cuestiones sobre el mundo del cine, la febril búsqueda de satisfacciones sensoriales, la huida de la realidad, los miedos que quiebran una carrera artística o laboral, las frustraciones vitales que convierten nuestra cotidianidad en una mecedora de melancolía y nostalgia. Sobre todo ello y más reflexiona la primera parte de El Congreso. Un gran acierto.

El punto que más destaca es el que se ocupa del futuro del cine y de los actores. ¿Cuál es la verdadera importancia de un intérprete de cine en la industria del entretenimiento?

(...)

En la película de Ari Folman, la industria del cine o del entretenimiento se come a los actores, a los directores de fotografía, se come la creación. Robin Wright firma un contrato y entrega su cuerpo a la productora. Más tarde descubrirá que los miles dólares que acompañan a ese contrato no son suficientes para pagar su sed creativa, su anhelo de reconocimiento. ¿Y si, de repente, un día, a Brad Pitt le dejasen de reconocer y pedir autógrafos por la calle? Al principio, sería la gloria, pero luego se preguntaría: “¿Qué ha pasado? ¿La gente ya no me quiere?” Robin decide volver a sentirse querida, decide volver a sentirse una estrella. Y se va al congreso. Otro contrato le espera.

Además, El congreso reflexiona sobre el futuro del entretenimiento de masas. El personaje de Danny Huston, el magnate de Miramount, indica el camino que puede seguir el cine. Las películas serán cómo sueños controlados por nosotros. Ese es el ámbito que todo el mundo quiere explotar: los sueños, los anhelos y las ilusiones. Pero hay que despertar, ¿o no?

Nosotros, como espectadores, despertamos cuando la segunda fase de la película empieza a resbalar. Nos olvidamos de esas poderosas e interesantes reflexiones y llega la moraleja y el melodrama. La droga, la química, el hijo enfermo… El congreso pierde originalidad y enjundia mientras llega el desenlace. Ari Folman abarcó mucho con el planteamiento de El congreso y al final, no supo muy bien qué hacer con tanto material.

Lo Mejor: la primera parte de la película. Las animaciones.

Lo Peor: la segunda parte de la película y el final.

[crítica publicada en alucine.es]
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50 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil