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Jarinko Chie - Kié la petite peste (Chie the Brat) (1981)

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Sinopsis
Dirigida por el prestigioso Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas), se trata de una adaptación al largometraje del famoso manga homónimo de Etsushi Haruki. Narra la vida de Chie, una joven que debe lidiar con su problemático padre y una galería de personajes de lo más surrealista. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Jarinko Chie - Kié la petite peste (Chie the Brat)
Duración
105 min.
Guion
Isao Takahata, Noboru Shiroyama (Manga: Etsushi Haruki)
Música
Masaru Hoshi
Fotografía
Animation, Hirokata Takahashi
Productora
Toho Company
Género
Animación Comedia Manga
7
Takemoto Chie
Jarinko Chie es una película dirigida por Isao Takahata en 1981. Está basada en un manga muy popular creado por Etsumi Haruki. La historia trata sobre una niña de 10 años llamada Takemoto Chie, "la niña más desafortunada de Japón", que se encarga de un pequeño restaurante de su familia ya que su padre -un yakuza desempleado- y su madre, se han separado. La historia se desarrolla en Osaka, lugar con una cultura totalmente distinta a la de Tokio. Después del éxito de la película, se creo una serie de televisión, en la cual Takahata trabajó como director.

Película entrañable, de redención, donde bajo la infantil y simple apariencia de los dibujos se pincela la caída de los valores humanos de una decadente civilización occidental de finales de siglo XX.
Con un humor peculiar- me recordó la fina ironía y el sarcasmo de Mis vecinos los Yamada- revela su gran humildad con esta pequeña joya. Takahata es un romántico, como los grandes artesanos de cine clásico.

Cine para ver en familia, donde, creo, los adultos saldrán más satisfechos que los peques.
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9
La visión artística de Takahata
Cofundador del Studio Ghibli junto con Hayao Miyazaki y el productor Toshio Suzuki, Isao Takahata es uno de los autores más personales que han surgido de la industria de la animación japonesa, y sin duda uno de los referentes vivos más importantes en su desarrollo de los últimos 50 años, desde que su estreno con "Las aventuras de Hols, el príncipe del Sol", a pesar de resultar un fracaso comercial, sentara las bases de las obsesiones narrativas que terminarían definiendo el sello de Ghibli. Su —previsiblemente— última película, "El cuento de la princesa Kaguya", tiene mucho de declaración final de un autor ya octogenario; es una pieza fuertemente enraizada en la personalidad autoral de Takahata y sus conexiones con el resto de su obra resultan evidentes, desde la influencia del folklore a las descripciones costumbristas, pasando por su historia sobre la libertad individual en un entorno limitante. Frente a la visión fabulística y eminentemente positiva de Miyazaki, su filosofía creativa da pie a una mayor heterogeneidad. No parece importarle que sus personajes alcancen un propósito, en ocasiones lo hacen y en otras simplemente no lo logran. Su enfoque se encuentra más en explorar las motivaciones y retratarles como parte de un contexto. Si en el cine de Miyazaki muchas veces es esencial llegar a un punto, en el de Takahata cobra especial importancia el instante.

Siempre a la sombra de Miyazaki —debido sin duda a su menor capacidad de conexión con el público, en especial el occidental, pero también a su irregular ritmo de trabajo y a lo arriesgado y endogámico de algunas de sus propuestas— desde que comenzó su andadura en Ghibli, la de Takahata es una trayectoria a descubrir, una de las más longevas y diversas en el panorama del anime. A pesar del renombre de "La tumba de las luciérnagas", aún hoy algunos de sus títulos esenciales permanecen ocultos para el público occidental. Es el caso de la que nos ocupa en este texto, una película que puede considerarse seminal en muchos aspectos de las obsesiones que más tarde recrearía en sus obras de Ghibli. Basada en un manga de 1978 de Etsumi Haruki, "Chie the brat" supuso en su momento un notable éxito comercial en Japón, inspirando la creación de una serie sobre el mismo manga tan solo unos meses después y dirigida también por él. Su difusión al mercado extranjero, sin embargo, ha sido poco menos que nula desde su estreno, llegando solamente a las pantallas francesas en 2005.

La de "Chie the brat" es una historia fragmentada, formada por retazos de la vida de una niña, Chie, que vive con un padre inútil e irresponsable en un entorno marginal de Osaka, en el que abundan las apuestas ilegales y las bandas de yakuzas. Está estructurada como una comedia con un estilo bastante centrado en el slapstick y con desvíos absurdos, en la que la personalidad íntegra de Chie se opone a las pillerías de todos los que le rodean, incluido —y especialmente— su padre, respondiendo a la crudeza de su vida diaria con reacciones violentas y observaciones sarcásticas que se encuentran entre lo más divertido de la cinta. De esta forma es como la narración nos introduce, mediante pasos erráticos y bajo la premisa del humor, en un contexto que es más dramático y perturbador de lo que parece. No hay duda de que esto no es casual: a pesar de su ligereza la película se toma en serio y no escatima en hacer referencia a un trasfondo durísimo. La relación entre Chie y su padre Tetsu es un catálogo de frustraciones, una vida familiar completamente desestructurada entre dos personas que no se entienden porque les falta un elemento esencial. Las conversaciones a escondidas de la niña con su madre, quien abandonó el hogar hace tiempo, reflejan un tono mucho más calmado, como si Chie necesitase esta evasión de su vida diaria, y al mismo tiempo apuntan a una situación emocional, un sentimiento de culpa mutuo entre ambos padres, que sorprende por su sutileza en una cinta como ésta.

En cualquier caso, quien espere la elegancia formal del último Takahata en esta película se llevará una decepción. Ésta es una historia brusca que se recrea en la estupidez de sus personajes y de las situaciones en las que se ven mezclados. Frente a la sutileza de su trasfondo dramático, "Chie the brat" es una obra que parece celebrar un sentido del humor grotesco y ruidoso, con ciertas ideas que podrían calificarse de infantiladas.*

Si esta mezcla absurda y en apariencia antagónica funciona, es en gran medida por el personaje de Chie. Rodeada de idiotas entrañables pero al fin y al cabo idiotas que suponen una terrible influencia, la personalidad de la niña destaca por la madurez con la que se enfrenta a todo, su inteligencia emocional y su resignación más propia de una adulta que de una cría. En no pocas ocasiones su propia madre se sorprende y asusta al ver en lo que se ha transformado su hija por vivir en estas condiciones. Sin embargo, la ingenuidad infantil todavía está ahí, y termina asomando en momentos clave de la historia, dando como resultado un retrato asombrosamente complejo y que fluye a la perfección a lo largo de la trama, tanto en la comedia como en el drama. Un ejemplo de lo bien tratado que está este personaje en particular se encuentra en el énfasis que a lo largo del filme se hace de sus gestos y reacciones, logrando elaborar un lenguaje visual muy expresivo y completo.

A nivel artístico no alcanza el potencial visual de sus obras posteriores, ya más pulidas, pero en cualquier caso es un esfuerzo nada desdeñable, sólido y estéticamente muy conseguido cuando se propone salir del feísmo sencillo y caricaturizado que forma parte de su diseño de personajes. Las distintas partes de la ciudad que vamos viendo están dibujadas con un gran mimo y gusto por el detalle, y la capacidad para dotar de personalidad de esta forma a cualquiera de las localizaciones en las que transcurre se hace muy patente.

(sigue en spoiler sin spoiler, por ahora)
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