arrow

The Small Back Room (1949)

6,9
87
Votar
Plugin no soportado
Añadir a listas
Sinopsis
Sammy Rice es un científico experto en bombas, con graves heridas de guerra, que sólo consigue calmar el dolor gracias a las pastillas y al alcohol; vive encerrado en sí mismo por un comportamiento autodestructivo y con una inestable relación con su novia Susan. Cuando sus superiores le ordenan que investigue sobre un nuevo tipo de bomba trampa creada por los alemanes, los nervios y la resolución de Sammy llegarán a sus límites. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
The Small Back Room
Duración
106 min.
Guion
Michael Powell, Emeric Pressburger (Novela: Nigel Balchin)
Música
Brian Easdale
Fotografía
Christopher Challis
Productora
The Archers / London Film Productions
Género
Drama Bélico II Guerra Mundial Drama romántico Alcoholismo
9
Obra a reivindicar de los arqueros
La pareja de arqueros compuesta por los míticos Michael Powell y Emeric Pressburger realizaron en 1949 la que , incomprensiblemente, es una de sus películas más desconocidas entre el público español: The Small Back Room, cinta rodada en colaboración con la London Films de los hermanos Korda.

Así la fotografía supeditada a filmar espacios y planos abiertos se transmuta en lacónicas instantáneas de interior pintadas en un asfixiante blanco y negro influenciado por el expresionismo alemán en el que sobresalen unos hipnóticos claro oscuros que chocan contra los primerísimos planos de los rostros de los actores, unos intérpretes cuyo estado mental se encuentra en serio peligro de derrumbamiento motivado por el aislamiento que domina sus vidas y el alcoholismo.

Las pocas escenas de exterior (magníficamente fotografiadas, especialmente las escenas filmadas en el Stonehenge y la escena final de la playa) sirven para dibujar un entorno amenazante alejado de glamour que impide la evasión del ambiente pesimista de la trama. La influencia del entorno exterior en el temperamento de los personajes da paso al interiorismo más radical, marcadamente claustrofóbico, en el que los alrededores no son más que un elemento de adorno que no influye en la individualidad que domina el contexto de la historia.

Al contrario que en sus anteriores películas, la cinta adopta una estructura intimista, sucia, oscura, exenta de ornamentos exteriores para centrar la escenificación en espacios cerrados que remarcan la atmósfera opresiva, cuasi enfermiza, y malsana que emana la cinta.

Resulta complejo definir el género que mejor se ajusta al hilo argumental de la cinta. Podríamos considerarla como una película bélica (ya que la trama se centra en las relaciones de un grupo de científicos que están desarrollando un poderoso cañón militar en plena Segunda Guerra Mundial), igualmente podríamos indicar que se trata de un drama sobre el alcoholismo ya que este hecho juega un papel muy importante en el desarrollo de la historia, del mismo modo podríamos encajarla en el género noir por el sentido tenebroso, repleto de brumas y tinieblas interiores que brotan con total normalidad de los personajes y también por la subtrama de intriga referida a la aparición de una serie de misteriosas bombas imposibles de desactivar que están provocando numerosas bajas entre la población.

Sin embargo, The Small Back Room presenta tantas aristas que resulta imposible aseverar con rotundidad el género que mejor se adapta a su filosofía. Para rematar la indefinición planteada, resaltar que la película supone un anticipo al cine de autor que se extendería a lo largo de la década de los sesenta, puesto que los silencios, las elipsis surrealistas, el estilo curvilíneo del argumento y la carencia de un hilo fácil de seguir son otros rasgos presentes en la obra. Este carácter poliédrico dificulta el seguimiento de la trama, dado que para disfrutar en su plenitud de ella es preciso estar atento en todo momento a la pantalla, ya que cualquier distracción puede resultar fatal para la comprensión de la fábula planteada.

El cosmos que impregna The Small Back Room claramente referenciado al mundo de las pesadillas y las sombras que se esconden en nuestro alma, convierte a la epopeya en un cuento tenebroso, en el que se exalta el universo surrealista e inconexo de impactos súbitos y emociones expresionistas, tal como lo son los sueños que alberga nuestra mente.

Continua spoiler
[Leer más +]
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La trastienda de la guerra
En el impresionante legado de la excéntrica y genial pareja de “los arqueros” esta película tal vez no ocupe el mismo lugar que otras de sus indiscutibles obras mayores, pero un Powell y Pressburger ligeramente menor es más que filmografías enteras de directores más prestigiados –muchas veces por razones que se me escapan-.

Las películas de Michael Powell y Emeric Pressburger son, ante todo, originales: cada una es distinta a las demás, maravillosamente sorprendentes, a ratos excéntricas, siempre inteligentes, raramente aburridas, casi siempre maestras. Esta es a un tiempo una película de guerra, un drama sobre el alcoholismo y una película de científicos y de semejante mixtura alocada, impregnada de un humor fino y socarrón, salen triunfantes.

En la primavera de 1943, en plena segunda guerra mundial Sammy Rice, un científico alcohólico y depresivo –un bombardeo le hizo perder una pierna- es requerido para analizar unos nuevos explosivos lanzados por los alemanes sobre Londres. Es un hombre atormentado, al borde del abismo, totalmente dependiente anímicamente de su chica y cuyos problemas personales se mezclan con su trabajo.

Lo admirable de esta y de buena parte de las películas del tándem británico es que parece que empiezan contando algo sencillo pero, poco a poco, nos van introduciendo en una red de complejidades fascinante, con una inusual maestría para trazar la psicología de los personajes, creando tensión con sus miradas o con precisos movimientos de la cámara. De hecho, la concepción narrativa y gramatical de la película es un prodigio de profundidad en la psicología de los personajes. Los ángulos sorprendentes, siempre al servicio de la narración, el ocasional uso de los primeros planos o una fotografía de pinceladas expresionistas, todo contribuye a esa sensación de asombro, extrañeza, sorpresa y gozo que experimentamos con la obra de estos dos insuperables maestros, con algunas escenas verdaderamente extraordinarias para el recuerdo: la impactante escena surrealista del reloj en plena crisis de ansiedad del protagonista, la maravillosa y excéntrica escena de la ruidosa reunión para aprobar el nuevo cañón Reeve o la impresionante descripción de la desactivación de la bomba, modelo de narración y suerte de catarsis personal y profesional para el protagonista.

La película, por otro lado, muestra el decisivo trabajo, callado y desconocido, de los científicos en la batalla tecnológica contra el enemigo alemán durante la segunda guerra mundial al tiempo que realiza una velada crítica a la política del momento, tan alejada de las preocupaciones de la investigación científica.

David Farrar da vida, con gran acierto, al científico protagonista, acompañado de grandes secundarios como Jack Hawkins o Kathleen Byron –inolvidable como Hermana Ruth en la obra maestra de estos mismos directores “El narciso negro” (1947). Excelente película.
[Leer más +]
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil