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5
Decepción al Cubo
Hay que decir que la película tiene los elementos necesarios para ser una gran película, actores de primer nivel, una historia más que atractiva y una fotografía sublime, sin duda lo mejor de la misma, pero por desgracia su desarrollo, aunque de interés, es en cierta forma estéril, ya que parece que durante su puesta punto Wong Kar-wai se le olvidó algunas escenas esenciales para explicar algunos momentos de la misma, con saltos que sólo el y su prole de amigos comprenderán, y eso que hablamos de un metraje de más de dos horas, llegando a ser en ciertos momentos algo confusa, derivando la misma, en el aburrimiento y el hastío.

En fín, decepción por partida doble, ya que la esperaba con ganas y porque esperaba mucho, muchísimo más.
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53 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cuento de cuatro estaciones
[AVISO: si has visto el trailer NO vayas a ver la película esperando una de Zhang Yimou en plan "Hero" o una similar a la de Wilson Yip... porque NO lo es]

Me parece curioso que únicamente en Hong Kong el título en inglés fuera “The Grandmasters” y en el resto del planeta se negara el plural de la obra… porque he aquí el plural de toda cimentación escondida en el mérito del héroe, de cada piedra que va colocando en su camino para construir un legado y con cada canto con el que debe tropezar. El cine de artes marciales siempre ha girado sobre saber quién era más fuerte o la venganza, pero Wong Kar-Wai quiere establecer un tratado sobre el testamento de un maestro y una historia de amor oculta e imposible. En este punto es inevitable no hablar de “Ip Man” y del cambio de manuscrito y orientación en las películas del director de “Deseando amar” y Wilson Yip, que daría continuidad (comercial) en “Ip Man II” (2010). La palabra con distingue y singular apellido fue en aquel entonces el gancho y la negación del plural; la frase «Fue maestro y mentor de Bruce Lee» estableció el marketing necesario. Es evidente que Kar-Wai desea establecer, al igual que Yip, otra vida y milagros del protagonista total más allá de la anécdota. Pero he aquí de nuevo la negación del plural en el título; “The Grandmaster(s)” no solamente quiere centrarse en la figura de Ip Man sino en la de los otros grandes maestros que perecieron en la memoria, junto a su arte, en la invasión de los japoneses…

Kar-Wai se ha topado con los mismos problemas narrativos que la cinta de Wilson Yip: la historia de Ip Man es tan amplia que el uso de elipsis y necesarios textos explicativos, que fueron el subtítulo al contexto histórico, pudieran dispersar el poder dramático. El director de “Fallen Angels” ha estructurado la obra en un cuento de cuatro estaciones pero sin orden cronológico, pese a marcar el comienzo del ciclo esa primavera que marca su vida antes de los cuarenta años cuando los maestros de las marciales de China competían entre Norte y Sur por el honor y respeto a sus respectivas familias y clanes. El Invierno llegaría antes del verano con la llegada de los japoneses y su invasión. Era momento de sobrevivir… mediante la imposibilidad moral de utilizar su arte marcial: «Las espadas tienen vainas porque su único propósito no es matar sino permanecer oculta». Las coreografías para alcanzar un trozo de pan… y dejar de ser un gorrión serán el nuevo orden, el honor como linterna… y luz para iluminar al pueblo. Los pequeños detalles, la cámara lenta y el folclore como organigrama de que la vida es como una obra de teatro, pero “The Grandmaster” deja en los espectadores la identificación del verano y otoño de la vida de Ip Man dentro de la épica y la historia incontable (e intangible) de amor entre la estática de la leyenda.

Dos décadas son suficientes para que ese maestro nos muestre la evolución desde una pelea en un callejón oscuro y lluvioso hacia esa lección de vital como testamento de su obra... aunque en el filme de Wong Kar-Wai las artes marciales son muchas veces cortejos reducidos a una gran exhibición de seducción y el cineasta se decanta por la historia de amor entre sombras de Ip Man y Er Gong, la única rival que pudo vencerlo… en distintos campos. El protagonismo de Gong aporta ese plural que el mercado internacional se ha decantando por ignorar. No es la historia de un gran maestro, sino la de dos que optaron por diferentes sendas (y completamente opuestas) en la herencia de su arte. La melancolía y la compasión se difuminan con el sentido del espectáculo en ese anhelo final sobre los lamentos por los actos pasados. Er Gong nos recuerda el sentido de las artes marciales y sus tres etapas: conocerse a sí mismo, conocer el mundo, conocer todas las cosas vivientes. Aparte del propósito de enmienda también habita una moraleja de la historia: «¿Recuerdas cuando te dije que no hay nada de que lamentarse en la vida? Todo eso es mentira. Si la vida no tuviera remordimientos sería realmente aburrida». Porque todo se reduce a la poesía de la desaparición, como una gran y mayestática coreografía cinematográfica de artes marciales; aunque repitas el movimiento, el tiempo habrá pasado.
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38 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Wong Kar-Wai, el gran maestro
Han tenido que pasar seis largos años para que volvamos a disfrutar de una nueva película de Wong Kar-Wai. Desde que el director chino presentase "My Blueberry Nights", su film más accesible hasta la fecha, hemos tenido que soportar una larga espera los que, como un servidor, amamos el cine de Wong Kar-Wai, pero la espera ha merecido la pena.

Me sentía bastante reacio ante esta película antes de verla. Exceptuando los casos de "As Tears Go By" y "Ashes Of Time", el cine del director afincado en Hong Kong siempre había sido de temática romántica, con lo cual un film de artes marciales no es precisamente lo más normal para Wong, y más teniendo en cuenta que "Ashes Of Time" es su peor película sin duda.

Y es que, "The Grandmaster" no es una película de artes marciales al uso, ahí está la grandeza de la película y lo que ayuda a que el cine de Wong Kar-Wai tenga sentido entre combates de kung fu. La película no es siquiera una biografía en el más estricto sentido de la palabra. El realizador chino se centra en hablar de filosofía pura, de poesía a través de espectaculares combates que ponen el vello de punta. Si de un tema trata la película es del kung fu, pero no solo a nivel de arte marcial, a nivel de forma de vida. Elige la figura de Ip Man, interpretado por Tony Leung para hablarnos de ello, pero no es una película que abarque toda la vida del maestro de Bruce Lee. Solo es un personaje más en un precioso poema visual.

Una vez más, Wong Kar-Wai demuestra por qué es mi director asiático contemporáneo favorito. Maneja la cámara como nadie y le saca el máximo partido a cada toma. No solo en los combates, que son realmente espectaculares. También en el resto de escenas pone su toque particular creando esa atmósfera tan suya, tan impresionante. En "The Grandmaster" no destaca tanto, a excepción de otras películas del chino, el uso de la banda sonora. El film cuenta con una buena BSO, pero no es tan fundamental como en otras obras de Wong, que casi parece un personaje más fe la película.

En resumidas cuentas, "The Grandmaster" es una película excelente. Un bello poema visual, profundo y potente a partes iguales. Wong Kar-Wai ha sabido crear magníficas escenas de acción sin perder un ápice de su estilo íntimo, bello y personal. No busquéis una película de artes marciales como tal, no lo es. Tampoco una película biográfica sobre Ip Man, tampoco lo es. Eso sí, si como yo sois amantes del cine del director nacido en Shanghai, no dejéis de verla.
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20 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Entendiendo el kung-fu como movimiento cinematográfico
Que Wong Kar-Wai es uno de los grandes maestros del cine moderno no le pilla a nadie por sorpresa. Autor de algunas de las mejores películas de los últimos 20 años (Chungking Express, In The Mood for Love, The Hand), su regreso a las artes marciales (tras la también excelsa Ashes of Time) era ansiado desde que anunciara allá por 2007 el proyecto de The Grandmaster, una macroproducción que llevaría a la pantalla la vida de Yip Man, conocido también como Ip Man y más aún por uno de sus logros: haber entrenado al mismísimo Bruce Lee. Reuniéndose con su actor fetiche tras la aventura americana de Norah Jones, el siempre cumplidor Tony Leung Chiu Wai daría vida al protagonista siendo secundado por la bellísima Zhang Ziyi. Ambos habían coincidido en 2046, con grandes resultados; por lo que la cosa se ponía incluso más interesante. Los problemas de WKW con sus filmes son conocidos por todos aquellos que se hayan interasado un poco por su trayectoria: nunca está conforme con los cortes finales y los mima hasta que no le queda otro remedio que estrenarlos. En este caso The Grandmasters tuvo su estreno en enero tanto en cines comerciales como en el Festival de Berlín; horas antes de su pase para público, WKW seguía en la sala de montaje dándole los últimos retoques.

Una vez se ve el film se nota en parte que su director tuviera cierto recelo a la hora de mostrarlo. La película, indudablemente la menos buena de su dilatada carrera (lo cual significa que como poco es buena pero que no llega a los niveles de calidad acostumbrados), tiene problemas importantes como un uso de la música (sobre todo en combates) bastante irregular, ciertos recursos marca de la casa alargados hasta el infinito y otros de los que se abusa tanto (cámaras lentas, planos de transición entre hostia y hostia, como gotas cayendo) que casi hacen que la película parezca una parodia. Al margen de una historia que se divide en tres personajes, por tanto tres puntos de vista, sin haber ningún tipo de equilibrio entre ellos (el del hombre trajeado tiene dos momentos superlativos y un tercero totalmente erróneo) por problemas evidentes de corte de metraje: faltan piezas en el puzle. No es la primera vez que WKW divide historias (sirva recordar 2046) pero aquí se notan mucho más las costuras.

Cuando la película está a su mejor nivel, no obstante, es un puro placer para los sentidos. WKW sigue siendo WKW, por descontado, y aunque su poesía aquí se note algo forzada en los momentos de más acción, todo aflora y se alza cuando se introducen los episodios íntimos. El tercer acto es especialmente notable, aquel en el que por fin vemos al realizador de In The Mood For Love en su plenitud, consiguiendo que la comunión entre imagen y música cristalice de forma total. Como cine de acción es un film notable, y como película de WKW es menos buena de lo esperado pero aún así dignísima, por encima de la media del género. Dicho lo cual, no esperes la gran revolución del siglo ni enterarte demasiado de la vida de Ip Man (para eso, ponte la película de Donnie Yen), pues el foco aquí se pone en otros aspectos. Para recordar, la maravillosa Zhang Ziyi robando planos (como ese en el que suena Lacrimosa) y, una vez más, su tramo final.

Una buena película en la que el maestro se siente más como un alumno aventajado. No pasa nada: ojalá todas las películas menores volasen tan alto como The Grandmaster.
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17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Wong Wong y su mundo piruleta
Bueno: (dos puntos)
(se arremanga)

Yo a Wong Kar-Wai le tengo tirria. Ya está, ya lo he dicho. Con una gran y única excepción en su filmografía: "Chunking Express". Esa película es maravillosa y nunca entendí por qué no volvió a hacer algo parecido.
Eeeh... vuelvo al tema: ya sé que los círculos amalgámicos y el Festival de Cannes lo adoran, pero a mi este señor no me la da con queso. Ahora justificaré mi opinión:
Tengo la sensación de que siempre y sobretodo estos últimos años sus películas se centran en el argumento de manera muy superficial. Los dilemas de los personajes siguen tratándose de la misma manera (sean homosexualidad, infidelidad, represión sexual...), en forma de miradas anhelantes, suspiros de decepción, sonrisas convalecientes y silencios infinitos. Sin embargo, en vez de profundizar en ellos se dedica a resaltar los planos dramáticos y el brillo del pintalabios de Gong Li o Zhang Ziyi. Creo que lo que le ha hecho vender en Occidente ha sido esa obsesión por el preciosismo...Pero sus personajes son muñecos y muñecas que padecen pero no se mueven. Son siempre pasivos.

Por eso: Cuando delante de mis ojos Youtube reprodujo el trailer "The Grandmaster", con el fantástico trío que siempre me hace tan feliz (Zhang Ziyi, Tony Leung, y mi adorado Chang Chen), dirigido por el mismísimo Wong Kar-Wai, yo pensé: "esta combinación tiene que funcionar de alguna manera, aunque sus diálogos sean nulos".
Me imaginé una buena coreografía de Wushu rodada de la mano de este hombre y pensé que tenía que ser genial.
...

Y ahora me expresaré al respecto.

Chang Chen: Yo lo amo.

Pero su papel en esta película me ha parecido sobrante. En primer lugar: Chang Chen no es un actor especializado en danza y Wushu como lo son Tony Leung y Zhang Ziyi. Por lo tanto, ponerlo al nivel de sus personajes, interpretando a "La Cuchilla" Yixiantian, es, cuando menos, curioso. Que conste que no lo ha hecho mal para ser quien es, pero no era un papel necesario. Sobretodo porque nunca nos explican a lo largo del film qué relación pueden tener Yixiantian y Yip Man. ¿O Yixiantian y Gong Er? ¿Está basado en hechos reales?
Aún así, la escena del tren en la que Gong Er encubre a Yixiantian para que no descubran sus manchas de sangre después de matar a unos japoneses es un acierto porque es realmente muy bonita.
En fin, yo supongo que Wong Kar-Wai también está enamorado de Chang Chen (no lo culpo) y por eso quería meterlo ahí haciendo filigranas. Dijo: "Si cuela, cuela, y si no, me la pela"
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15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Esteticismo, virtuosismo visual y afectación al servicio de una historia prolija y dispersa
Wong Kar-Wai es un cineasta de muy marcada y reconocible estética, y de reconocido prestigio crítico, no siempre acompañado de éxito de público, por ecléctico o minoritario que sea. En este caso presenta una biografía que abarca casi cuatro lustros (de los años treinta a los años cincuenta) que aborda temas como el honor familiar, la tradición y la enseñanza de las artes marciales, el amor no correspondido, la fidelidad a la tradición, el respeto al maestro, los peligros de la innovación y las fatales consecuencias de la falta de consideración hacia la historia de un linaje o de un pueblo.

Y la suma de las partes en verdad acaba por no estar del todo bien ensamblada, quedando todo bastante agobiado, encorsetado y disminuido por un exceso de decoración, de amaneramiento, de languidez, de gotas de lluvia cayendo a cámara lenta sobre charcos bellamente dispersos, de movimientos de cámara que apenas muestran leves gestos afectados o forzados encadenados visuales que poco añaden a la narración y contribuyen a ralentizar la historia y a distanciar al espectador por pura acumulación barroca de belleza, maquillaje, vestuario, muebles y muecas.

Wong Kar-Wai es un director de raza y con una estética singular, que cuando está al servicio de un relato cuajado y compacto, consigue obrar el milagro de ofrecer una joya de incalculable valor. Pero es este caso el episódico guión apenas engancha, los saltos en el tiempo contribuyen a diluir la atención y las bellas coreografías de las escenas de acción detienen en exceso el ritmo de la historia, por lo que se pierde interés y se anula su efectividad.

El tema central de la fructífera (o nociva) relación maestro – discípulo acaba ahogada entre tanto oropel y artificio. Es una película muy bella y es admirable el uso que hace de los decorados y del vestuario, pero sabe a poco y produce más cansancio y fatiga que logros o reconocimiento. Hermosa pero vacua, interesante pero prescindible. Decepcionante.
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12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Buen regreso de Kar-wai homenajeando a Yip Man y las Artes Marciales
La última película del gran director de Hong Kong Wong Kar-wai, director de excelentes filmes como In the Mood for Love, Happy Together y 2046. En esta oportunidad, nos trae un biopic sobre la vida de Yip Man, el gran maestro de las artes marciales chinas, quien además fue el maestro del famoso Bruce Lee. Pero Lee es otra historia, esta es la historia de Man, un hombre que rescató e hizo posible la difusión de las artes marciales alrededor del mundo.

La película, dirigida y escrita por Kar-Wai, nos transporta a la vida de este hombre, que como él mismo define en la película, vivió su primavera hasta los 40 años, gracias a la herencia de sus ancestros, lo que le permitió dedicarse al estudio de las artes marciales y al perfeccionamiento de sus técnicas. Luego de los 40, vendría su invierno, que coincidiría con el conflicto entre China y Japón en el año de 1937 hasta 1945. Tiempo en el que tuvo que reacomodar su vida. Nos muestra su relación con su esposa e hijos, algunos de sus innumerables y míticos combates, y su íntima relación imposible con Gong Er, la heredera de la familia Gong, una de las más importantes y prestigiosas en aquel tiempo.

El filme me ha gustado, es el regreso del director, que es uno de mis favoritos, luego de su pasado largometraje presentando en el 2007 “My Blueberry Nights”. Cuenta la historia desde su particular estilo visual y poético, haciendo de las luchas hermosas coreografías, que condimentan ese repaso vital en la historia de las artes marciales.

Debo reconocer que el filme se extiende un poco, dura un poco más de dos horas, con algunas escenas que creo que pudieron depurarse, pero en general quedo hipnotizado con algunas de sus escenas, sobre todo en esa que llega casi al final, donde se hace presente un Kar-Wai totalmente reconocible, en filmar la nostalgia, el anhelo, el desamor o los amores imposibles. Esas escenas están tan cargadas de belleza, que me hacen olvidar inmediatamente todos los pequeños puntos negros de la trama.

A pesar de todo, tengo que reconocer que no es uno de los mejores trabajos del director, pero aún así me ha parecido un homenaje especial a la figura de Yip Man y a las mismas artes marciales. Como siempre, el trabajo visual y técnico es destacable, con una excelente fotografía y buen uso de la música. Pero si hay algo que resaltar, además de la destreza visual del director, es el trabajo de los actores, que aquí cuenta con tres de los mejores actores del cine asiático, desde el excelente Tony Leung, que aquí brilla con luz propia, la hermosa Zhang Ziyi, quien interpreta a Gong Er, que aquí también hace un excelente trabajo y otro de los actores fetiche del director, como es Chang Chen.

En síntesis, aunque no es de los mejores trabajos del director, es una cinta recomendada, para ver apartes de la vida de este personaje tan importante de las artes marciales, para ver el excelente trabajo de los actores, y para ver una vez más el trabajo, tras de cámaras, de uno de los mejores artistas visuales del cine contemporáneo.

http://asbvirtualinfo.blogspot.com/2013/06/the-grandmaster-wong-kar-wai.html
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Once Upon Time in Hong Kong
Me gusta el Wuxia. Como mostró Tarantino, es el Western oriental. Me encanta el Western. Ambos géneros son más que hermosa fotografía y escenas de acción, tiros o peleas. Hay un potencial trágico y operístico en ellos. Con sus paisajes inabarcables, las sucias tabernas o los recargados burdeles, una épica reposada y profunda, duelos y la intensa carga emocional arrastrado por sus personajes, son géneros perfectos para dilatar y concentrar el tiempo al antojo de delicados climas emocionales que nos envuelven profundamente. Son géneros perfectos para crear películas emotivas y reflexivas con el tiempo como figura central. Sergio Leone lo sabía. Adoro a Sergio Leone.

Hay mucho Sergio Leone en esta película. Mucho de Erase una vez en América (Once Upon Time in America, 1984) más allá de los arreglos a la formidable composición de Ennio Morriconne Deborah’s Theme. The Grandmaster también es una narración subjetiva movida por la memoria en que bucea su protagonista. Allí, “Noodles” (Robert de Niro) hilvanaba el humo de sus recuerdos sobre la amistad perdida con el ambicioso Max (James Wood) dilatando el tiempo de la narración por sus emociones; del mismo modo, aquí, el mítico Ip Man, maestro de Bruce Lee, viaja en busca del tiempo perdido. Una búsqueda imposible en pos de un amor sutil que pudo ser y no fue, perdido en el devenir del tiempo. Un tema en absoluto ajeno para el director de Deseando amar (In the Mood For Love, 2000). El opio siempre es un consuelo para el recuerdo. Ip Man, que a causa de la guerra pasó de tenerlo todo a ser un inmigrante más en Hong Kong, sin una manta si quiera que echarse sobre los hombros, escogió otra alternativa. Escogió el Kung Fu. Más que un arte marcial: una forma de vida. The Grandmaster es un homenaje a este hombre.

La memoria no es aséptica y la recuperación del pasado es siempre emocional, nunca histórica. Por ello es tan hipnótico el clima creado por Wong Kar Wai. Onírico, subjetivo, provocando cierta sensación de irrealidad, como corresponde al recuerdo. Hasta las peleas, coreografiadas por el experto Yuen Woo-ping (Matrix, Kill Bill, Tigre y dragón), contribuyen a esta sensación. Cámara lenta, gotas de lluvia (o nieve) rotas por el combate, primeros planos de los pies o las manos danzando, o de los elementos del entorno, como los hipnóticos rostros de las estáticas prostitutas. Especial atención merece el íntimo duelo entre la pareja protagonista.

Para Wong Kar Wai la memoria va más alá de los personajes, y a través de sus recuerdos, presenciamos la historia del Kung Fu, y la de China. Al director de 2046 (id, 2004) le interesa ahora la primera generación que emigró a Hong Kong con lo puesto cuando China se agitaba tras la guerra. Ahí se juntaron gentes de lo más variado, confluyeron innumerables escuelas de Kung Fu y Bruce Lee se hizo discípulo de Ip Man. Así es como Hong Kong se ha convertido en lo que es.

Es aquí donde tiene sentido el personaje de el Navaja, pero a cambio de una dispersión que resta fuerza al relato y convierte el film en una obra maestra fallida. Más incluso de lo habitual en el director chino de gafas oscuras, la narración se vuelve confusa. Vuele a ocurrirme lo habitual en sus películas: me sumerjo maravillado por el tono emocional de la película y me produce una honda sensación que permanece tiempo después de abandonar el cine, pero me cuesta seguir el hilo, saber qué me está contando el director cantonés.

En cualquier caso, The Grandmaster es el acercamiento autoral de Wong Kar-Wai a un género injustamente denostado. No tiene la magia de Ang Lee en Tigre y dragón (Wo hu cang long, 2000), ni la espectacular lírica de la trilogía wuxia de Zhang Yimou -formada por Hero (2002), La casa de las dagas voladoras (2004), y la fallida La maldición de la flor dorada (2006)-, ni lo pretende. The Grandmaster es la aproximación íntima y reflexiva de un género y un arte marcial ideal para ello. Pero es, ante todo, una película de imágenes (no es de extrañar los múltiples montajes hechos por el director), imágenes que persisten en la memoria.

Me gusta The Grandmaster.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
The grandmaster
Dentro de una gran elegancia y belleza, de una respetuosa sobriedad, de una destacada finura y de una enorme delicadeza en las formas se esconde una profunda potencia y firmeza en el contenido, la fuerza de unos certeros y hábiles golpes, la irresistible seducción del majestuoso baile marcial que oculta toda una poética danza de la vida, del respeto y del amor más imperecedero; esta historia real y distinguida sobre el kung fu y las 64 manos, su época de lucimiento y mayor altivez y su posterior evolución tras los acontecimientos vividos en China es de gran impacto visual, un gran placer para el sentido de la vista y de una magnífica exhibición del dominio de las artes marciales. La dignidad y la entereza de un orgullo milenario, la majestuosidad de los años dorados, el encanto y la magnificencia del metódico y del -precioso- estilo en el proceder contenido, el caos y descontrol de la pérdida de su gran poderío, la conservación del honor y respeto por una forma de vida cuando ésta se tambalea, una gran historia de amor reprimida en lo más hondo de la piel..., se trata de un relato de gran maestría, de disfrute para los amantes de las artes marciales, de placer para las emociones y de gran exhibición contextual; su juego en tonos neutros, con sorprendentes y detalladas colisiones en su tonalidad, su eterna armonía en el proceder, la enorme cantidad de sentimientos no relevados de gran suntuosidad..., es un magnífico trabajo de gran añoranza en su demostración, de profunda tristeza en su contenido y de una eficaz y vigorosa acción efectiva. Se disfruta enormemente, tanto si eres seguidor de las artes marciales como si no lo eres -un poco menos en este caso- porque, sencillamente, es una historia viva emocional, de gran turbación y enternecimiento, relato estiloso y refinado de amplio y penetrante volumen afectivo. Te guste o no es bella, deliciosa y escultural; de inmensa nobleza.

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
"La gente espera el momento justo, el momento justo no espera por ellos"
Película biográfica que se centra en la figura de Yip Man (Tony Leung), un experto en artes marciales del cual vamos viendo su desarrollo como atleta sin dejar de lado el contexto histórico en el que se encontraba, parte muy importante para el film.

De esta forma se va desarrollando contando con distintos saltos temporales en su narración, he de decir que la forma en la cual está narrado no me agradó, puesto que en varios momentos tiende a sentirse confuso en su desarrollo.

Quizá pensando en una obra más intimista para quienes conozcan algo de la figura de Yip Man, porque incluso quienes se vean como fiebres de las artes marciales, puede que se sientan desilusionados por la no preeminencia total de estas.

La película cuenta eso sí con la característica forma que Kar-Wai le imprime a sus películas, presentándose como un producto bello, las peleas están muy bien realizadas, con el uso de los efectos de sonido, la música y la cámara lenta (tal vez algo excesiva).

Yi dai zong shi es un film interesante, pero que resulta aburrido en algunos momentos, quizá se pudo recortar algo su duración, pero esto es compensado por lo bien realizado que esta, punto muy a su favor y que hace que uno siga enganchado.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Wong Kar Wai descafeinado
Si hay un director famoso en el mundo entero para los más férreos amantes del cine y desconocido por el público general, ese es Wong Kar Wai, director de obras maestras como "Deseando amar", "Happy together" o "2046". El director Hongkonés es habitual en los Festivales más importantes de todo el mundo y parece que desde que firmó "2046" ha decidido llegar a un público más amplio. De ahí que el director decidiera probar suerte con "My blueberry nights" una obra menor que hizo que muchos críticos le dieran la espalda.
Ahora 7 años después Wong Kar Wai vuelve a su Hong Kong natal para contarnos la historia de Yip Man, uno de los grandes maestros de las artes marciales y más conocido por ser el hombre que entrenó a Bruce Lee.

Con "The Grandmaster" parece querer redimirse, pero no lo consigue del todo. A lo largo del metraje podemos observar como el director sigue con su estilo de siempre, cámara lenta, largos travellings acompañando a sus personajes, una banda sonora impecable y planos visualmente perfectos. Sin embargo, no acabamos de conectar con la historia que acaba por hacerse lenta y aburrida.
A través de Yip, también conocemos la historia de Hong Kong durante la invasión japonesa y quizás es demasiada información lo que nos quieren contar, tanta que acaba saturando. De ahí que la densidad de ésta acabe siendo un problema a la hora de centrarnos en la historia principal.

La fotografia corre a cargo esta vez de Philippe Le Sourd (director de fotografía de "7 almas") realizando un trabajo formidable, en especial en las secuencias grabadas de noche haciendo que las imágenes que vemos sean un placer para la vista, además de las dificilísimas secuencias de lucha.
Y es que si la película falla en cuestiones de trama y guión, ninguna pega se le puede poner al aspecto técnico de ésta, muy cuidado y milimétricamente estudiado.
Y es que si algo podemos aplaudir son las coreográficas peleas que el director rueda asumiendo riesgos estéticos pero con un resultado impecable que sobresale en belleza por encima de las de "Tigre y Dragón".
Las interpretaciones como en la mayoría de los films del director son muy contenidas con emociones que evolucionan desde lo más dentro hasta fuera. Tony Leung uno de sus actores fetiche lidera el film llevando todo el peso dramático de la película sobre sus hombros realizando una de sus mejores interpretraciones en los últimos años.

La música que acompaña al largometraje corre a cargo del compositor Shigeru Umebayashi siendo un gran estudio de la música Hong Konesa de los años 20 y 30, además de saber complementarla con los sonidos épicos de las películas de artes marciales.
Una película inferior a las que nos tiene acostumbrados "El gran maestro" de Wong Kar Wai, en la que se sigue intuyendo al genio detrás de la cámara pero que queremos de vuelta con sus historias de personajes angustiados, románticos y violentos.


Óscar San Martín.
http://ciudadanoskine.blogspot.com.es/2014/01/the-grandmaster-lo-ultimo-de-wong-kar.html
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Tan preciosista como peñazo.
No es sencilla la valoración de una película que tiene tres montajes diferentes: ¿Será mejor o peor que los otros el que nos ha tocado en las salas españolas…? Opinaré, pues, con la debida cautela.

Tras un paréntesis "occidental" (My Blueberry Nights), Wong Kar-Wai regresa haciendo añicos las leyes de un género tan codificado y sometido a clichés como es el biopic (en este caso la vida de Ip Man, maestro de Bruce Lee). Pero ésta no es como la típica-tópica de Mandela…

No; aquí prima la atmósfera sobre el argumento. Una atmósfera onírica, un paisaje propio de la ensoñación, una ficción alucinada que funciona como presentación fantasmal de amores frustrados y pasados tan gratos como irrecuperables.
Una narrativa no lineal refuerza esa sensación de irrealidad al descoyuntar tiempo y espacio.

Película fuertemente intimista por mucho que contenga espectaculares coreografías de artes marciales; pues también en esas escenas se presta atención al detalle íntimo (la lucha entre el prota y la chica es como una danza de claras alusiones sexuales, una hermosa danza de sentimientos, un combate de grácil sensualidad).

The Grandmaster restaura el verdadero espíritu de las artes marciales mostrándolas como una práctica contenida, virtuosa, elegante, muy lejos de la burda violencia de tantos subproductos.

Tony Leung borda el papel con su clase y seguridad habituales, bien acompañado por la guapísima Zhang Ziyi.

Consignadas sus virtudes no oculto que The Grandmaster es un rollo patatero, y que los escasos espectadores fueron abandonando la sala sin prisa pero sin pausa, quedándonos tan sólo mi acompañante y yo hasta el final.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Cierta decepción
La verdad es que al salir del cine me he sentido un poco decepcionado con Won Kar Wai. Hasta ahora sus películas eran impecables con historias cautivadoras e imágenes preciosas. The Grandmaster tiene partes interesantes y partes soberanamente aburridas. Y desde el punto de vista técnico deja bastante que desear. Cámaras lentas simuladas, montaje a trompicones, la excelente dirección de fotografía que era algo que caracterizaba a las películas de Won Kar se esfuma como si nada, con planos fuera de foco y otros con un ISO tan alto que casi parecen grabados con un iPhone del ruido que tienen.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Un combate visual deslumbrante
Pese a que el género de las artes marciales no es nuevo para el hongkonés (ahí está ASHES OF TIME y su posterior reedición), no deja de estar justificada la enorme curiosidad que despierta este evidente viraje artístico, dentro de la obra de uno de los estetas más nobles que conoce el cine contemporáneo. THE GRANDMASTER, sobre el papel, despierta un buen número de curiosidades, pues el desplazamiento genérico desde un film como MY BLUEBERRY NIGHTS hacia el que ahora comentamos es cuanto menos forjador de no pocas intrigas… ¿Habrá sido capaz el realizador de no sucumbir a los imperativos coreográficos, violentos, superficiales y delirantes a los que nos tiene acostumbrado este tipo de legado asiático? La respuesta, afortunadamente, es no.

THE GRANDMASTER, sabedor de la encrucijada de corpus que plantea, es un film que tiene la valentía de aprovecharse de esas numerosas costuras que lo hilvanan. Desde el primero de sus planos, se pone en evidencia un atractivo combate, que no es el que dirimen sus personajes dentro de ella, sino el que pone en litigio la voluntad autoral del creador y las reglas inherentes al producto en el que ha decidido inmiscuirse.
El hipnótico fluido de imágenes que propone no es sino el fruto, el fogonazo, la candencia de la fértil y desequilibradora pugna entre la flagrante disimilitud de esas dos voluntades convocadas: la de quien no está dispuesto a dejarse arrollar por la dificultad de la empresa y la de los obstáculos dirimidos por ésta. El director asiático, de esta forma, sabe apropiarse de un género al que conmueve medularmente sometiéndolo al mandato de su humedecida, cimbreante, lascivamente frágil predilección expositiva.

De resultas, los mejores momentos de THE GRANDMASTER son aquellos –los más- en los que sale vencedor el afán envolvente, etéreo, inaprensible, deslizador, líquido y enigmático de su realizador. Se nota el gozo del cineasta por imponerse a la envarada codificación del género: Kar Wai y su equipo artístico, insistimos, logran la proeza de estimular un novedoso acercamiento hasta él. La cámara del realizador propone elegancia, sensibilidad, hondura y significados nuevos a los oxidados desenfrenos acrobáticos ya consumidos.

La verdadera esencia del film la compone el modo con el que el realizador enriquece de significados emocionales, afectivos y subjetivos todos y cada uno de los obligatorios combates convocados. Mediante ellos bucea en el tormento y en la pasión que aprisionan a los dos personajes centrales: Kar Wai aporta angulaciones, acercamientos y ralentís nunca vistos, puesto que la acción encuadrada no tiene importancia en sí misma, sino que está al servicio de una intencionalidad novedosísima. En THE GRANDMASTER la pugna karateka no es más que la excusa para un retorno al melodrama conmovedoramente cauto que ha caracterizado siempre a su creador.
El extensivo poderío ejecutor del autor de HAPPY TOGETHER se inmiscuye entre las bellísimas piruetas actorales dictaminando una puesta en escena en la que el gusto por el detalle hecho captura, el pincelado del recoveco, la detención del instante, la exaltación de la mirada, la sorpresa mostrativa inesperada y la vertiginosa significación estética se adueñan del encuadre privilegiado. Los combates, las pugnas, los ajustes vengativos, las exhibiciones marciales ceden a la hipnosis coherente del cálculo emprendido por la orquestación de un cineasta siempre obsesivo, extenuante, sinuoso y preocupado por alumbrar una densa apropiación de un género que, en sus manos, se somete al dictado de una arrolladora fertilidad sensorial.

Sin embargo, contra pronóstico, hay un palmario desequilibrio que menoscaba la totalidad de un film que podría haber sido sobresaliente. En THE GRANDMASTER el personaje principal, paradójicamente, acaba quedando ensombrecido por la grandiosa aportación de un excelente personaje femenino. Ip Man no puede más que dejar paso a la altiva, segura y subyugante Gong Er, la hija de Gong Baosen, el maestro del noreste chino que repara antes que nadie en las habilidades de Man. El film no resiste que su personaje medular quede en un segundo plano no previsto, pues gana unos magníficos enteros afectivos, emocionales y misteriosos, que menguan ostensiblemente cuando ella (una espléndida Zhang Ziyi) no se halla en escena.

De todas formas, THE GRANDMASTER salda su particular contienda con la saludable noticia de que Wong Kar Wai ha sabido hacer del peligroso envite un estimable artefacto mediante el que acreditar su aterciopelada valía.
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8
El regreso de Wong Kar-Wai
The Grandmaster se ha vendido al mundo como una película sobre Ip Man, el maestro de artes marciales de Bruce Lee, sin embargo no ha sido nunca la intención de Wong hacer un biopic sobre este peculiar personaje, y mucho menos sobre como Ip Man entrenó a Bruce Lee o cualquier otra cosa parecida. Su intención mas bien ha sido hacer un retrato de la época en la que vivió Ip Man, un retrato de como las artes marciales han marcado la vida de los chinos y como ha evolucionado todo ello con el paso del tiempo, por supuesto, teniendo a Ip Man como punto de referencia.

Sin embargo, cabría destacar que el título original de la película no es The grandmaster, sino The Grandmasters en plural, pues Ip Man (interpretado magistralmente por Tony Leung chiu-wai) no es el único maestro que aparece en la película, y ahí es donde entra Gong Er, una hermosa mujer (interpretada con la elegancia habitual de Zhang Ziyi) que tiene una filosofía sobre las artes marciales y sobre la vida totalmente opuesta a la de Ip Man. A mi modo de ver, Wong ha pretendido mostrar la diversidad que ha habido siempre en las artes marciales chinas.
Por otra parte, hay un último maestro que merece nuestra atención, y es "El cuchilla" interpretado por Chang Chen. Este personaje aparece de forma esporádica en la película, pero en ningún momento se nos explica quien es exactamente, ni que pinta en la historia ni nada de nada, y por mas que he investigado no he descubierto nada sobre este personaje, aunque aparece en una de las escenas más hermosas de la película. Es posible que nos hayamos perdido la historia de este personaje ya que la película ha tenido que ser cortada y no aparece en la versión final todo el material que Wong rodó, además de que el montaje realizado para su estreno en Occidente no es el mismo que para China.

Al margen de este tema, Wong retoma algunas de sus constantes como no cabía esperar otra cosa. Obviamente está el desamor, su tema predilecto y que no podía faltar, pues sus protagonistas son siempre personas heridas, que parece que huyan de la felicidad. También nos encontramos con sus habituales estilemas técnicos y estéticos. Su estilo personal no ha variado por mas que sea una película muy diferente a las demás, sigue siendo tan maravillosa y visualmente poderosa como las demás.

La ciudad vuelve a ser el marco de su historia, y como siempre son ciudades melancólicas, acorde con los sentimientos de los protagonistas, los cuales se cruzan en sus lugares comunes y típicos en las películas de Wong, como son los restaurantes, los trenes, los callejones... Su particular uso de la cámara hace de las escenas de lucha una delicia, algunas de estas escenas son fantásticas, como la pelea de la estación que ha sido la más glorificada por la crítica en general. Los rótulos temporales y la voz en off son nuevamente usados para cubrir las lagunas de la narración, y en mi opinión no molestan para nada, es más los críticos que han dicho que estos intertítulos molestan es que nunca han visto una película de Wong o no han comprendido su cine.
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8
Inmortalizando gotas de agua.
El legendario director hongkonés, creador de joyas como Deseando amar y 2046, retorna con la vida y obra de Ip Man, maestro de Bruce Lee, para otorgar un genial y vigoroso poema en movimiento, a ralentí del arte marcial, de arrolladora elocuencia lírica que, junto con su impagable hazaña visual, hipnotiza a ritmo coreográfico. Minucioso detallista y enfermizamente escrupuloso en su búsqueda de la exquisitez, The Grandmaster supone una regeneración, o más bien una continuación, de sus dotes narrativas para enlazar en armonía el intimismo del romance con la espectacularidad épica de los combates.

Son particularmente en estas escenas de acción donde Kar-Wai se recrea con bravura e inmortaliza su realización a través de la dispersión y fragmentación de los puntos de vista, que añaden riqueza y ritmo a sus secuencias. La lógica emocional, tan habitual en sus películas previas, da paso aquí a la lógica corporal, pues los combates condensan lo físico y lo filosófico en un solo atributo, llenando de energía el ritmo interno del relato. Apelando a su función puramente plástica, su espectacularidad es absolutamente abrumadora.
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7
Buena
Una película ágil y entretenida , bien contada y sin pausa,merecidamente gano el oscar asiatico, por sus grandes escenas y efectos especiales y por la gran labor de sus actores Tony Leung Chiu Wai, Zhang Ziyi,Chang Chen.
Una historia que yo en particular ya había escucha y la verdad me ha sorprendido lo bien que ha sido lograda, buena trama, y gran intriga.
Muy buena.
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8
KUNG-FU-LOVE
La extensa obra de Kar-wai, puede no acabar de cuajar en cada una de sus personales y fascinantes propuestas, pero el poder de seducción de sus imágenes, su estilización, buen gusto y artística mirada allá donde posa la cámara le hacen estar en la lista de mis directores favoritos. Por no hablar de su proverbial gusto por el color y sus montajes y fotografía exquisitos.
Me sorprendió que asumiera una película de genero. En este caso sobre las artes marciales. No le pegaba nada. Pero el zorro, con perdón, ha utilizado la presunta biografía parcial del maestro del Kung Fu Ip Man, popularmente conocido por haber tenido entre sus alumnos a Bruce Lee para contarnos una vez más otra historia peculiar de amor. De las que le gustan, mimando los rostros de los personajes y enmarcándolos en atmósferas y encuadres marca de la casa.
Eso sí, si alguien no conoce su cine y se ve atraído por las siempre espectaculares, escenas de lucha del género, Kar-Wai las dignifica elevándolas a coreografías operísticas, haciéndonos disfrutar con minuciosidad de ellas hasta decir basta.
En el camino se quedan personajes, subtramas, rigor biográfico...., le da igual. Se gusta a si mismo y nos lo hace notar.
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3
Luchando bajo la lluvia
Está claro a quien va dirigida la película , y todas aquellas personas que busquen en ella algo distinto , no llegarán a terminar de verla.

Un una trama que se ha resultado bastante inconexa y que cuesta seguirla en su desarrollo, lo cierto es que con lo único que se queda uno, una vez vista es con la visión de haber visto muñecas de porcelana en vez de mujeres y lo bien vestidas que están todas. Por lo demás, hay demasiados puntos críticos que no terminan de cuadrar. Por un lado tenemos un trama que le cuesta seguir al espectador, demasiado estético todo se esfuerza por aparentar una cosa que en realidad no es. Tanto jueguecito con las artes marciales, la hacen bastante irreal y poco creíble, resultando bastante cómico algunas de las supuestas peleas.

Toda la recreación junto lo ya dicho anteriormente son sus bazas más potentes, pero no sirven de mucho cuando el guión, los diálogos , sus estructura , su puesta en escena y sus actores no acompañan demasiado para que todo sea un poco más digerible para quien se proponga a verla.

Sus actores no ayudan demasiado, hacen una labor bastante mediocre, que también llega a resultar hasta cómica. Por lo demás la película no termina de cumplir los objetivos y se queda en terreno pantanoso.

Como conclusión podemos decir que está destinada a los amentes del género, para el resto es un producto muy prescindible.

Lo mejor: Lo estético
Lo peor: No haberla hecho algo más corta y amena.

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3
No transmite
¿Qué no trasmite? Pues lo que otras películas de cultura asiática si consiguen transmitir.
Honorabilidad, respeto, lealtad, aprendizaje, valores.... no veo nada de sentimiento en la película y tampoco está basada en unos efectos especiales que maravillen.
Bien montadas las peleas y bien ejecutado el "timing" pero poco más.
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9
El poder de los grandes maestros
La nueva oda de Wong Kar Wai (Deseando amar, happy together) es ante todo la mayor propuesta estilista que se ha hecho en mucho tiempo, de tal forma que llega incluso a dejar en evidencia al propio director a la hora de saber contar una historia.
El film se centra en la época de esplendor de las artes marciales chinas abarcando una cronología que va desde la revolución republicana en 1911 hasta el cierre de la frontera entre Hong Kong y la China continental en 1951. En esta etapa de la historia china se forman las academias de artes marciales que dan lugar a los grandes estilos y a los grandes maestros que hicieron leyenda. Ip Man (maestro de Bruce Lee) recorre un duro camino en el que deja un legado en la historia de las artes marciales junto a otros grandes maestros del Kung Fu.
Hay que destacar que bien por error a la hora de mostrar los devenirse de los personajes o bien por abarcar históricamente cinco décadas, a pesar de lo que se suele indicar The Grandmasters no solo cuenta el biopic de Ip Man, sino que también documenta la vida de Er Gong y su padre o El Navaja; otros grandes maestros de las artes marciales. Mostrando una gran admiración hacia las mujeres por la contribución a esta forma de vida, dejando intuir que posiblemente la mayor de las leyendas debiera ser Er Gong.

Esta producción gigantesca de cuatro años de rodaje y otros cinco de preproducción es tan meticulosa en su forma que deja sin aliento. Cada uno de los planos planteados por Wong kar Wai y su director de fotografía Philippe Le Sourd llegan a un extremo espeluznante donde cada fotograma es una auténtica obra de arte. Sin descanso, sin tregua, los 130 minutos de este prodigio son tan enérgicos, explosivos y cargados de belleza que te deja sin aliento. Posiblemente por su largo rodaje, pero es difícil encontrarse con una película tan cuidada en cada uno de sus medidos planos.
No se puede obviar la grandilocuencia de las secuencias que ha configurado el excelente coreógrafo de acción Yuen Wo Ping (Matrix, Kill Bill…) que pe podrían calificar de prosopopeyitas pero que hacen que te agarres fuerte a la butaca y te dejes atrapar con tan exquisito ejercicio. Destacando sin duda la secuencia inicial bajo una torrencial lluvia que deja unas poderosas imágenes que va mezclando el ritmo de montaje rápido propios de la acción con imágenes superlentas de puños cortando la lluvia y movimientos danzarines sobre un caudaloso escenario. Solo hay que añadir para imaginar hasta que punto se habrá cuidado estos precisos y preciosos instantes que el rodaje de dicha secuencia fue de 30 días.
Tal devoción solo puede darse en gente que adora su trabajo, como así exprese Tony Leung que interpreta a Ip Man. Un habitual de Wong Kar Wai que para poder acercar su personaje a le realidad ha estado entrenando diez años con maestros de Kung Fu. En el resto del reparto hay que destacar a Ziyi Zhang (Er Gong) por como siempre dar belleza a sus personajes y a la interpretación de Chang Chen (El navaya, aunque su personaje quede algo desdibujado en el montaje final.
Hacer un nuevo hincapié en el director de fotografía Philippe Le Sourd, quizás solo conocido por “Siete almas” y “Un buen año” y con por ahora un filmografía poco extensa donde predominan los cortometrajes. Habrá que tener muy en cuenta en los años venideros lo que nos puede ofrecer este maestro que ya se ganó al director Hongkonés dejando atrás a su inseparable y no menos genuino Christopher Doyle. Las puestas en escena son muy medidas, apurando en los límites de la cercanía para que cada composición sea geométrica y llena de hermosura. El trabajo con la luz es exquisito ganando puntos de luces en los rostros calidos contrastados con los vestuarios y fondos. Y muy a tener en cuenta, la elección de unos planos con pocos movimientos dejando atrás la actual manía de algunos cineastas en realizar giros artificiosos para no contar nada.

The grandmasters demuestra hasta donde llega el talento y el corazón de cada una de las personas que han intervenido en su creación, y es tan grande, tan devota y tan absorbente que estamos ante un nuevo estilo fílmico que ya han empezó a marca su compatriota Zhang Yimou, donde el poder de la imagen está por encima de la historia. Este film ha de ser visionado desde la mirada artística, aparcando a un lado el guión que no más que una documentación ficcionada. Hay que abrir bien los ojos y el alma para enfrentarte a cada segundo de estas magníficas imágenes. Es un cine que pide abrirse camino, pide ser grande por sí mismo, por lo que contienen sus elementos artísticos en conjunción con la imagen y el sonido. No es que hayan querido despreciar la historia, todo lo contrario ya que la enorme documentación que el mismo director realizó encierra un enorme número de años y numerosas entrevistas a diferentes maestros de las aretes marciales. de hecho, en la historia queda latente un enorme respeto por el honor y el contenido filosófico que encierra la praxis de este tipo de artes. Pero se podría decir que la ejecución de esta obra es pareja a las propias artes marciales. Contienen una historia y una filosofía, encierran sabias palabras y códigos. Pero cuando ves su ejecución la imagen de tan atractivo acontecimiento se apodera de todo lo anterior.

The grandmasters es un film sobre los grandes maestros de las artes marciales ejecutado por unos grandes maestros de lo cinematográfico.
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6
El bello arte de la guerra.
Una escena de dos meses y medio. Un rodaje que se alarga durante tres años. Una idea que tarda diez años en fraguarse. Con todas estas cifras de por medio, nadie puede negar que Wong Kar Wai se entrega en cuerpo y alma en sus proyectos cinematográficos. Convertido en director fetiche de festivales, en su última incursión tras las cámaras, el cineasta asiático va más allá de la narración de la vida de Ip Man, el legendario maestro de artes marciales del gran Bruce Lee; ofreciendo un despliegue artístico acorde a su estilo elegante y exquisito que va un paso más allá en el cuidado de las formas; narrando con una belleza grandilocuente las vicisitudes de un estilo de vida, por momentos, alejado de la mentalidad occidental.

"The Grandmaster", centra su trama en los códigos y principios básicos y vitales de las artes marciales. Lejos de la simple coreografía del combate, el director de "Deseando amar" se adentra en las entrañas más personales del legado generacional y tradicional que durante siglos, ha acompañado a alumnos y maestros del ilustre arte marcial de la pelea. Recorriendo el complejo entramado moral de las bases del kung-fu, el que honor y valor pasean unidos de la mano, Wong Kar Wai retrata la cultura asiática vertebrando un relato que aúna acción, reflexión existencial y melodrama a partes iguales.

Por desgracia, ese cóctel explota tras la cámara del realizador en un libreto construido con escenas certeras de gran belleza formal que golpean fuerte al espectador por su enorme carga artística y poética; pero que carecen de un hilo conductor sólido sobre el que fundamentarse haciendo que la obra del director pierda lustre al esbozar las pinceladas de su hermoso lienzo. La fotografía es exquisita; el cariño del director acaricia a sus actores en cada plano; la coreografía y planificación de las peleas es magnífica; pero el guión, no encuentra el grado de implicación apropiado para con el espectador, algo raro en el cine de este realizador.

Al final, aunque las escenas mantengan nuestra atención, al finalizar la película, resulta imposible no sentir una ligera sensación de vacío por la ocasión perdida de quedar noqueados por una cinta, que si hubiera buscado un poco más de alma entre toda su perfección, sería sin duda una obra maestra grandiosa. Pese a ello, un bello film que añadir a la biografía de Wong Kar Wai.
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6
Lo visual y estético por encima de todo.
Esta película gira en torno al personaje legendario de Ip –Man que quizás por aquí no sea demasiado conocido por el gran público pero seguro que si decimos que es el maestro de Bruce Lee seguro que se reconocerá más, aunque la mayor parte de la trama gira en torno a el existen varios personajes con un gran peso y protagonismo en la película.

No es la primera producción que se hace sobre este personaje de hecho existen multitud de películas sobre el pero sin ninguna duda esta es la más bella y estéticamente cuidada de todas, quizás incluso demasiado eclipsando cualquier otro aspecto como la historia, el guion o los personajes. Se abusa en muchas ocasiones de la cámara lenta pero a consecuencia de esto nos deja algunas imágenes y escenas de combates realmente bellas aunque este aspecto logra llamar nuestra atención no tapa de que la historia se vuelve el algunos momentos compleja y con algún salto en el tiempo demasiados brusco para dejarnos un final demasiado largo y melancólico que repite la fórmula de casi todas las producciones basadas en el personaje, la llegada y entrenamiento de Bruce Lee.

Muy cuidada y visualmente muy bella pero esto repercute en una historia que en algunos momentos aburre y se alarga, dejándonos al terminar la película solo con el recuerdo de su espectacularidad pero distrayendo del fondo y de cómo se cuenta la historia.
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6
El arte del pensamiento Kung Fu
La empecé a ver con miedo debido a las críticas despiadadas que fui leyendo que la atribuían como "la peor película que he visto en mi vida de artes marciales". Pero a mi, sin ser lo que más me ha gustado de Wong Kar-Wai ni de lejos, me ha parecido bellísima.

Sólo Wong Kar-Wai sabe expresar tanto y emocionar con sólo silencios, es una virtud poco frecuentada actualmente. Visualmente, impecable. Además la distinción entre los planos a cámara lenta frente a la cámara a tiempo real que emplea en las peleas de Kung Fu, da esa sensación de adrenalina que supongo que pretendía el director. Apasionantes y bellísimos combates de Kung Fu. No sólo es una película sobre artes marciales, sino sobre la filosofía y la forma de vida de los maestros de Kung Fu. Por lo que entiendo perfectamente la sensación del espectador medio que no ha visto algo de este director, va esperando una película más de artes marciales y se encuentra con algo muy distinto.

Aludo a ello esas malísimas críticas que ha obtenido por muchas personas, pero para los que ya conocemos al director no sorprende ni mucho menos. Cierto es que la narración en esta es mucho mas enrevesada. También he de reconocer que la he visto subtitulada y que el texto iba tan rápido que en infinidad de frases no pude leer del todo el diálogo, pero aún así se intuye con sólo los gestos y expresiones de los personajes.

Me ha gustado mucho, no por ser una película de artes marciales, sino por ser una película que muestra la decadencia de una estirpe y una filosofía que ante los cambios mundanos a pasos agigantados no puede evitar perderse la tradición.
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6
Wong Kaw-Wai vuelve a rodar una película muy bonita, con una fotografía difícil de encontar en una pantalla de cine, pero cuya historia es bastante compleja y difícil de comprender, llegando a aburrir
El director Chino Wong Kar-Wai siempre realiza películas diferentes. Al margen del cine convencional intenta explorar universos diferentes, y sus películas se pueden considerar de culto. En sus inicios rodó dos grandes películas como " Happy together " y " Chungking Express " .
Pero su película más extraña y que más me gusta es " Deseando amar " , que se introduce en los submundos de la noche de Hong Kong de la década de los 60. Años después volvió a realizar una película con temática similar (una segunda parte encubierta de la anterior ), pero que había perdido la originalidad e hipnotismo de la primera.
Con " The Grandmaster " intenta hacer una película muy original, con unas magníficas imágenes de una China del siglo pasado. A esa fotografía tan variada y atractiva le acompaña el sonido. Pero para que una película sea redonda tiene que tener un buen guión y montaje, y en este proyecto esos dos aspectos son muy deficientes. Ese intento de contarnos una historia que avanza en el tiempo, pero vuelve hacia atrás para contarnos ciertos aspectos de la historia crea confusión.
En la parte central hay muchos momentos que no sabemos lo que ocurre, pese a aparecer carteles identificativos con el año y lugar donde transcurre la historia. Muchas veces es más complicado seguir estas películas asiáticas de ritmo tan rápido, por ser difícil identificar a los intérpretes. Pero en esta película no existe este problema por ser actores conocidos y emplear un vestuario que les identifica.
La película se está vendiendo como la historia de " Ip man " , el maestro del Kung fu y que entrenó a Bruce Lee, y ese tema se aborda muy por encima, aunque es verdad que el personaje que interpreta Tony Leung es " Ip man " .
Lo mejor son las escenas de peleas y luchas, por el empleo de una fotografía muy particular, que parece congelar las luchas.
Las imágenes en la oscuridad también están muy logradas. Hace tiempo que no veía una película con una gran cantidad de escenas bonitas y diferentes (algo parecido me ocurrió con " To the wonder " , la última película de Terrence Malick, en que esas imágenes tan buenas no estaban en consonancia con la historia ).
Destaco también la actuación de Zhang Ziyi y Tony Leung, los dos muy solventes y expertos en este tipo de películas. Esta misma película en manos de Zhang Yimou hubiera sido diferente, cosa que ya demostró el director Chino en películas como " Hero " o " La casa de las dagas voladoras " .
De vez en cuando aparecen imágenes de archivo, que nos muestran cómo estaba China en la década de los 30, 40 y 50 del siglo pasado.
Una vez conocidas las nominaciones a los Oscar 2014 la película se ha quedado sin opción a premio en la categoría de película de habla no inglesa. Pero sorprendentemente (y de forma merecida ) ha sido nominada en las categorías de fotografía y vestuario. Por una vez la academia ha actuado de forma coherente, ya que ha nominado a esta película por sus aspectos más destacados. Es la primera película de Wong Kar-Wai que recibe algún tipo de nominación de la academia de Hollywood.
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6
CUENTO BASADO EN HECHOS REALES
El problema de The Grandmaster es que no sabemos ante que tipo de historia nos encontramos; si es un film bucólico sobre un mundo que se acaba, una narración sobre el kung fu, un retrato familiar intimista, la historia personal de un protagonista que se reinventa a si mismo, o inclusive el relato de un amor imposible. El fallo no es que el guión sea incompleto y le falten engarces o elementos en la historia, sino que las distintas subhistorias pertenecen a estilos diferentes y no hay un elemento que las conjugue. El depurado estilo de Wong Kar-Wai viene a crear más incoherencia; una película con connotaciones históricas y biográficas es ejecutada con esas cámaras lentas, esos planos en detalle y esas escenas compuestas con personajes hieráticos más propios de la pintura. The grandmaster a pesar de basar su narración en la historia del kung fu y en la biografía personal de Ip Man recibe un tratamiento más propio de un cuento o inclusive de un sueño. Dada su calidad cinematográfica habrá que dar a The grandmaster unos años, volver a revisar el film y ver si Won Kar-Wai acierta y todos nosotros somos unos ignorantes .
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6
Lo que pudo ser y no fue...
Hablamos de una película con un reparto de actores de primera, la fotografía/ambiente es sublime pero luego la historia cojea y cojea siendo lenta y hasta confusa por momentos. No esperes ver algo parecido a Ip Man (2008), es otra cinta totalmente distinta, no diría que mala pero en mi opinión mas drama enfocado a personajes del entorno de Ip que al propio personaje en si.
No entiendo el punto de vista del directo y todavía hay partes que no he conseguido entender. Es una pena porque las escenas de lucha son todas muy buenas (algunas mas que otras), como punto negativo en alguna que otra secuencia abusan un poco de los cables pero no es algo tan bestia como para criticarlo aunque si merezca que se comente ese detalle. Wong en mi humilde opinión no supo aprovechar lo que podía haber sido una obra maestra que se queda en una peli interesante tirando para aburrida, una lastima.
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6
Épica visual, floja argumentalmente.
2.500 planos configuran el nuevo amalgama de imágenes, secuencias, miradas, luchas, espejos, luces, marcos, encuadres, pasillos, música… del chino Wong Kar-Wai. The Grandmaster, trabajo que le ha llevado tres años de duro rodaje, es un efectista producto cargado de una belleza, podemos decir que usual en el director de Deseando amar y 2046, asombrosa, en la que se nos muestra un interesante y bello recorrido por la China del siglo XX, presentándonos y, contándonos, la vida de Ip Man, el reconocido entrenador del mítico Bruce Lee dentro del arte marcial conocido como Wing Chun. Un arte compuesto por tres formas: Kata, Kuem y Pumse. El Wing Chun: Tiene como objetivo el de ayudar a comprender en profundidad los conceptos básicos del sistema y desarrollar habilidades tales como la raíz, la coordinación, la mecánica corporal, la relajación, la estructura, el desarrollo de la energía y el poder explosivo. Mismos objetivos aplicables a nuestros sentidos a la hora de ver un trabajo de este señor.

Uno, que anda todavía vibrando de aquella experiencia amorosa –y costosa por sus protagonistas– que es Deseando amar. De su magia, del Yumeji’s Theme de Sigeru Umebayashi –enamorado de esta pieza musical de por vida–, de los paseos a por leche por aquellas escaleras, de la lluvia, del intenso color que emanaba amor desde cualquier punto hacia donde dirigieses la mirada, de perspectivas varias... de todo, porque Deseando Amar es para amarla. De 2046, donde Wai de nuevo nos llenaba de color alma y mente. Donde se podía asistir una vez más a un ejercicio siempre efectista visual y musicalmente, en el que dejarse llevar es la mejor herramienta para disfrutar de estas obras tan meticulosas. Y de paso, poniéndose uno a recordarlas, encontrará ciertos puentes de conexión con esta The Grandmaster. No pasa lo mismo con My Blueberry nights, una lujosa cinta de niveles estilísticos muy altos, pero de nefasto y aburridísimo guión. Llega con terribles ganas de ser seducido y enamorado nuevamente ante un estreno más que esperado.

The Grandmaster cuenta la historia de Ip Man (Tony Leung: Deseando amar y 2046), maestro y divulgador del Wing Chun (hegemónica del sur de china) y Gong Er (Zhang Ziyi: El camino a casa) experta en el Ba Gua (la que procede del norte). Ip Man se dedica a la enseñanza, Gong, es más bien una mujer inclinada a no transmitir los conocimientos de su legado familiar. Mirar hacia delante (Ip Man), y mirar hacia atrás (Gong Er). Dos estilos diferentes de luchar, de ver y sentir diferentes tipos de lucha que se cruzarán por amor, poder y satisfacción.

Estos dos maestros del kung fu vienen a reunirse en la ciudad natal de Ip Man, Foshan, en vísperas de la invasión japonesa en 1936. El abuelo de Gong Er, un gran maestro de renombre, también viaja a Foshan para su ceremonia de jubilación, que se llevará a cabo en el legendario burdel ‘El pabellón de oro’. Una historia de traición, honor y amor llevada a cabo durante la época tumultuosa que siguió a la caída de la última dinastía de China, un tiempo de caos, y una división y guerra, época también de oro de las artes marciales chinas.

Wong Kar –Wai no defrauda en cuanto a dotes técnicos, diría que está por encima de cualquier trabajo anterior, puesto hay cientos de detalles de los que poder hablar y seccionar hasta hacer de un plano o secuencia una nueva película. Te quedarás más que satisfecho con el resultado final si sólo buscas eso –y sin buscarlo–, porque todas las luchas: la protagonizada bajo la lluvia, la del burdel entre Ip y Gong, o la memorable, descomunal, o como se le quiera definir, pero grandiosa lucha, en la estación del tren entre Gong y Ma Sam, son para arrodillarse y hacer reverencias. Su estilo, color, textura, movimientos a cámara lenta, la gente observando desde las ventanas o nosotros desde la nuestra, nos llenará de placer y agitación. Simplemente magistral.

Pero The Grandmaster como cualquier otro filme, debe, tiene que tener para ser una gran obra, o por lo menos engancharte con lo verdaderamente necesario, un buen guión. Una historia y desarrollo a la altura –qué mínimo–, en este caso del nivel técnico, del que es elocuente la película, para formar una explosión, al igual que los golpes de tan maravilloso arte, definitiva y mortal.

Montada como si de una obra teatral se tratara, por capítulos –así la veo yo–, veremos entrar y salir personajes de la historia sin más explicación –bueno, viviremos de flashbacks durante todo el metraje–, cargando el relato de cierta complejidad. Apuntar, que la narración china tradicional organiza las relaciones entre los elementos del relato de forma más libre y flexible que la novela occidental, pero no culpa de esto, porque no se llevó acabo así finalmente –dicho por el propio Wai–, The Grandmaster , ni construida a capítulos ni de la forma tan libre como es la narración de este país, alcanza los niveles requeridos, y ya no para su comprensión –que es llevadero–, sino para un entretenimiento y aprendizaje digno del resto del trabajo.

El Hongkonés demuestra ser un auténtico maestro dirigiendo: su narrativa visual con la cámara sí es perfecta. La fotografía, obra de Philippe Le Sourd, sí es para quitarse el sombrero. La música, a cargo de Sigeru Umebayashi y Nathaniel Méchaly, es hermana gemela de cualquier plano, momento o estado del filme. Todo en el apartado técnico es desbordante de majestuosidad. Todo. Son, como decía, cientos y miles de detalles con los que disfrutar diseccionando poco a poco. Pero, su guión, realizado entre Wong Kar-Wai, Xu Haofeng y Zou Jinzhi, basándose en una historia propia del director, no es de ese magnetismo, no logrando engancharte, dejándote frío como las tierras por las que nos moveremos durante el visionado.

Kung fu: Horizonal y vertical. Como la vida de de Ip y Gong respectivamente. La deshonra y la gloria.

Mi web: cinemaunderground.net
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7
Ip Man, de Wong Kar-Wai
No se fue el personal demasiado contento de aquella 62ª edición, y como las primeras impresiones (las de la 63ª Berlinale, se entiende) son vitales, la primera película que iba a ver la prensa aquel año era la que con toda seguridad, y siempre a priori, claro, podía considerarse como el plato más fuerte que iba a poder degustarse aquel año en la capital alemana. Porque, y con todo el respeto hacia nuestros peludos amiguitos del bosque, más importante que el hecho de que ''Los osos hubieran vuelto a la ciudad'' (así se promocionaba el festival por aquel entonces: echando mano, cómo no, de su icono más reconocible) era el que un tal Wong Kar-Wai hubiera vuelto a los menesteres cuyo ejercicio, con toda justicia, le hicieron tan grande. Ha vuelto, (ya en presente... y ya era hora), al noble, muy agradecido y nada sacrificado oficio de la dirección cinematográfica, en el que había estado inédito desde su discutido (por puro snobismo) desembarco en suelo americano con 'My Blueberry Nights', efeméride que ya va a cumplir cinco años, que se dice pronto.

Un lustro sin el maestro se hace muy largo... más aún cuando durante los últimos años hemos estado conviviendo con la promesa de un proyecto que, como mínimo, iba a marcar un antes y un después en su carrera, por lo menos en lo que a ambición se refiere. Después de su road trip por los Estados Unidos, Wong Kar-Wai decidió hacer las maletas y volver a su amada Hong Kong para quitarse una espina que tenía clavada desde el estreno de su filme maldito -y muy masacrado- 'Ahes of Time', cinta de artes marciales cuya productora se encargó de dejar irreconocible con respecto al montaje original. Su autor, por cierto, no pudo empezar a resarcirse hasta el estreno de la versión ''Redux'', apaño que no acabó de convencer a nadie, también sea dicho. Con 'The Grandmaster' se puede decir que el director de las eternas gafas de sol vuelve a la escena del crimen. La diferencia es que ahora llega con la lección aprendida... y con la reputación suficiente para que cualquier trabajo sobre el que ponga las manos sea inmediatamente sacralizado y, por lo tanto, quede fuera (se supone) del alcance de las manazas de cualquier pez gordo de la industria con ínfulas autorales (... y ni así nos hemos salvado de la engorrosa multiplicidad de montajes).

Con esta reconfortante certeza y con el consabido tiempo de espera bajo el brazo, no es de extrañar que los grandes festivales de todo el mundo quisieran adjudicarse esta esperadísimo biopic sobre el legendario Ip Man, mentor del no menos legendario Bruce Lee. En su día sonó Cannes, pero no. ¿Para Venecia, pues? Tampoco. ¿Y San Sebastián? Va a ser que no. A Wong Kar-Wai debió convencerle más la oferta de Dieter Kosslick, la cual incluía el cargo de Presidente del Jurado, con la consiguiente condonación de la responsabilidad (?) de participar en la Sección Oficial a Competición. Fueran cuales fuesen las condiciones, lo cierto es que Berlín se anotó un puntazo con este fichaje, aunque más cierto es que mientras se producía la rifa entre los distintos certámenes, la cinta tuvo tenido tiempo para estrenarse en su país de origen. Esto último se dijo con la boca pequeña... y a voz todavía más baja debería comentarse la alarmante falta de World Premieres de la que adolece la Berlinale durante sus últimos años, aunque esto es otro asunto.

Cierro paréntesis porqué el magnetismo de Tony Leung se apropia una vez más -y qué gustazo- de la gran pantalla. El galán fetiche de Wong Kar-Wai se pone en forma (¿alguna vez la ha descuidado?) para dar vida al mítico maestro del Kung Fu en una película cuyo mayor y nada desdeñable logro es el de de llevar a los terrenos del más rabioso cine de autor un género que se mostraba alérgico (o esto nos habían querido enseñar) a este tratamiento. El referente obvio lo encontramos en el díptico 'Ip Man', de la dupla Wilson Yip & Donnie Yen, y si bien estrecha lazos con la película que ahora nos concierne (sobre todo en lo referente a la creación de una mitología semi-fundacional de carácter muy similar al western clásico), los vínculos se diluyen en una ejecución que luce siempre de la forma más orgullosa la inimitable marca ''In the Mood for Love'' (y ''Cungking Express'', y ''2046'', y...). De lo que se trata aquí es que el instrumento (hablamos de géneros y etiquetas) se adapte a las necesidades de quien lo utiliza. Complicadísimo, y todavía más valiente, de verdad: la estética y la adrenalina vuelven a convivir en esplendorosa armonía. Como con con Zhang Yimou, pero diferente... y mejor.
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9
Las 64 manos, las 3 versiones, una épica melancólica
"The Grandmaster" es una película que conmueve y desorienta. Conmueve porque imprime a la biografía de Ip Man (Tony Leung) una dimensión melancólica, fatalista, con una brillantez formal indudable. Desorienta porque esta biografía no cubre toda la vida del biografiado (no llegamos a la época en la que da clases a Bruce Lee) y además la historia se pierde en otros personajes, especialmente el de Gong Er (Zhang Ziyi), su rival en las artes marciales, y su amor secreto. En conjunto, queda un film sin duda brillante, pero irregular; un film confuso en tanto que biografía, pero con momentos, escenas e imágenes de una fuerza visual impresionante. La pelea en la estación de tren, o el cortejo que camina sobre la nieve, o la lucha bajo la lluvia del principio, son buenos ejemplos de ello.

Lo que quizá sorprende más en este apasionado y melodramático film de artes marciales es la aparición, en el tramo final, del tema de Deborah que Ennio Morricone compuso para la magistral "Érase una vez en América" (Once Upon a Time in America, 1984), la última película de Sergio Leone. Wong Kar-Wai no sólo hace un homenaje a Leone, además emplea este tema musical para dar a su historia una categoría melancólica que hable del paso del tiempo, de lo que pudo ser y no fue, de la grandeza de los maestros de las artes marciales.
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8
Grandmasters
Tras una larga ausencia Wong Kar-Wai vuelve a sentarse en la silla de director para brindarnos una película que, si bien no es completamente ajena a sus escenarios habituales (recordemos que "As Tears go By" y "Ashes of Time" ya tomaban el tema de la lucha y las artes marciales como punto de referencia), si supone un nuevo paso en el modo de trabajar de uno de los directores más aclamados del cine asiático actual.

Y es que The Grandmasters, como no podía ser de otro modo viniendo de quien viene, presenta una fotografía sublime con un registro de colores, una atención por el detalle y una concepción de los espacios que encandila, deleita y sorprende desde el primer momento. Así, incluso en las vertiginosas escenas de combate (la "gran" novedad de la cinta con respecto a los ritmos y situaciones a las que nos tiene acostumbrados el director), podemos encontrar el sello de identidad de un maestro que, alejándose de la voluptuosidad, colorido, magnificencia y hasta extravagancia de las producciones más recientes del género (pienso en "Tigre y Dragón", "Hero", "La Casa de las Dagas Voladoras", etc), se centra en la contundencia, la técnica y la ferocidad de la lucha para ofrecer un espectáculo visual donde, increiblemente, los pirueteos o la presentación excesivamente coreografiada de otras cintas están aquí completamente ausentes. No encontraremos en The Grandmasters luchadores saltarines, combates que más parecen bailes o efectos especiales que convierten el arte marcial en un teatro efectista para el forzado deleite del espectador. Y sin embargo, el genial tratamiento de dichas escenas, con cuidada atención a cada golpe, bloqueo, giro y posicionamiento o desplazamiento de los pies de los contendientes, les confiere tal atractivo que engancha y deleita gracias también a un magnífico uso del sonido, que en todo momento engrandece y enfatiza la contundencia de la batalla. El trabajo de cámara, por su parte, brilla con luz propia cuando, unido a una edición y un montaje más que sobresalientes, nos permite disfrutar de unos combates donde la ferocidad de la violencia dialoga armónicamente con la delicadeza de los detalles y los lentos primeros planos, dando lugar a un ritmo muy particular que, sin verse forzado pese a lo complejo de dicho tratamiento, confiere una notable personalidad a cada escena. Todo ello enmarcado en unos escenarios cuya atmósfera (un lluvioso y oscuro callejón en medio de la noche, una nevada estación de tren azotada por el viento, la recargada estancia de una "Casa de Placer" de la china de los años treinta...) dota a cada escena de una ambientación completamente única y cargada de personalidad.

No se queda atrás tampoco, como también es habitual en las cintas del autor, el excelente trabajo del equipo artístico. Esta vez, bajo el paraguas de unos años 30 que se debaten entre la pervivencia de la cultura tradicional china y el advenimiento de la modernidad industrial de principios del siglo XX, asistimos a una bella caracterización de escenarios y personajes en los que todo elemento, desde los uniformes, trajes y vestidos de l@s protagonistas y secundarios hasta la decoración de las salas, escuelas y exteriores, está cuidado al detalle. Una delicia estética que combina sabiamente abundancia y austeridad sin caer en ningún caso en el boato y sobrecarga.


Por último, cabe resaltar el que a nuestro juicio es el punto más flojo de esta nueva película; el tratamiento del argumento y la historia. Bien es sabido que Wong Kar-Wai no es precisamente un devoto de las reglas del guión y la planificación previa. De hecho, es usual que el director conciba y construya cada escena directamente cuando se encuentra frente al escenario elegido para cada circunstancia. En The Grandmasters, sin embargo, este método libre, improvisado y “rebelde” que tan buenos resultados dio en su filmografía previa (sobre todo en títulos como Days of Being Wild, Chungking Express o Fallen Angels) pasa factura ante las dificultades de imbricar una historia compleja en la que personajes, contexto histórico, teoría, práctica y evolución de las artes marciales y vivencias personales interactúan entre ellas como si de un protagonista más se tratara. Así, ante el habitual cambio de foco hacia las historias de los personajes que enriquecen el universo personal de Ip Man, el supuesto protagonista, en ocasiones resulta complejo para el espectador encontrar un hilo conductor que mantenga la atención e interés y permita agarrarse al centro recurrente de la trama que se está narrando. De hecho, si comprobar como el protagonismo se alterna alternativamente entre el personaje masculino y el personaje femenino de la historia resulta un atractivo notable (llegando incluso esta última a eclipsar en interés y actuación a la del propio Ip Man), en ocasiones dicha dualidad afecta a la continuidad del relato sin que el espectador comprenda muy bien como se ha llegado a cierto punto de la historia del otro. Sensación que se ve acentuada ante los constantes y difíciles cambios de ritmo de la película; de frenéticas (y excepcionalmente realizadas) escenas de acción a lentos monólogos interiores o descripciones de contextos que de nuevo se ven súbitamente interrumpidos por una nueva pelea, disputa o tensión dramática. Un ritmo atragantado en el que cada una de las partes es una pieza perfecta y bien construida, pero que difícilmente encajan entre sí de manera armónica al contemplarse en conjunto como una sucesión de acontecimientos.

En definitiva, una cinta notable por su factura técnica, visual y artística que deja de lado el estilo rebelde y dinámico de las primeras producciones de Kar-Wai para dar paso a una etapa de “madurez” en la que la perfección estética y formal relevan a las imágenes borrosas, los escenarios caóticos y las cámaras imprecisas de sus etapas previas, alejándose igualmente de los “cánones establecidos” del Nuevo Cine de Artes Marciales inaugurado ya hace años por Ang Lee con su Tigre y Dragón.
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6
¿Cuándo pelea Ip Man?
Para bien o para mal tengo que comparar este film con las anteriores películas sobre Ip Man y en este caso la cinta de Wong Kar-Wai sale perdiendo.
Estamos ante un film rico en imágenes bonitas, esa cámara lenta, esos copos de nieve, esa lluvia, pero carece de lo más importante en este tipo de films y son las propias artes marciales, creo que son tres momentos contados donde aparecen imágenes de luchas, eso sí, bastante bien realizadas.
Excesivamente larga y llega, en momentos, a resultar confusa, se pierde por las ramas por decirlo de alguna manera, y ya no sabes realmente si el film es sobre Ip Man o sobre otros protagonistas, incluso estas esperando un enfrentamiento entre dos de sus protagonistas y éste nunca ocurre.
Muy bonita estéticamente pero larga, confusa y pobre en momentos de acción, definitivamente las cintas Wilson Yip, (Ip Man, Ip Man II) son mejores y mucho mas entretenidas.

Un 6.

http://filmefilico.blogspot.com.es/
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8
En el tablero de la vida
En "The grandmaster", Wong Kar-wai levanta un retrato de la China post-imperial desde la óptica de las escuelas de artes marciales, y lo hace a partir de la historia de Ip Man, el legendario maestro de Kung Fu que más tarde pasaría su legado a Bruce Lee. Con Ip Man recordamos la lucha norte-sur durante la República, la invasión de Japón y la posterior Guerra Civil... para terminar en Hong Kong y ver cómo esos luchadores han tenido que adaptarse a los tiempos, en algunos casos cuestionando su código de honor. Sin embargo, tratándose de Wong Kar-wai da lo mismo cuál sea la historia concreta que nos dé, porque los temas de fondo se repiten como lo hacen también su esteticismo visual y su narrativa fragmentada y llena de elipsis: es, en definitiva, un autor. De esa manera, su cine se alimenta de una preocupación constante por el paso del tiempo, por la fugacidad de la vida y especialmente del amor, con dramas personales que se esconden en las rendijas de la memoria y con sentimientos evanescentes que se evaporan como los humos de sus películas.

El director de Hong Kong siente que se le escapa el tiempo y por eso quiere controlarlo. En ocasiones trata de ralentizarlo para exprimir unos instantes de amor o de honor, y en otros de acelerarlos para recoger el inexorable discurrir de esas manecillas del reloj que tantas veces enfoca. Para ese cometido, pocos materiales resultan tan idóneos como las artes marciales, que en sus acrobacias permiten congelar el momento clave de la lucha o proyectarlo sobre el espacio con una puesta en escena espectacular. Como hiciera en "Deseando amar (In the Mood for Love)", la cámara se mueve como un personaje más en unos ambientes de ensueño, en un baile acompasado en el que observa a los personajes relacionándolos con un diálogo de miradas. Abundan los primeros planos y los ojos expresan un mundo interior de nostalgia y melancolía, de dolor sangrante y de amor no consumado, de traición y de venganza.

Una extraordinaria fotografía y muy filtrada busca los claroscuros como si tratara de escudriñar la conciencia o la memoria de los personajes -magníficos son esos planos de la lluvia o del humo al ralentí, como lo son los anocheceres o los parajes nevados-, a la vez que difumina los fondos de forma hiper-estilizada para crear ese aire de irrealidad. Mientras, la música sinfónica y envolvente intensifica el sentimiento de nostalgia que la historia encierra, y arrebata al espectador para llevarle hacia aterciopeladas sensaciones emocionales. Estupendas son, por otra parte, las interpretaciones de Tony Leung y de Zhang Ziyi, y admirable la sintonía que logra entre ellos al dar vida a dos almas que se aman... pero que nacieron y se conocieron en un momento que no les correspondía. Los personajes de "The grandmaster" se encuentran, además, en la disyuntiva de mirar hacia adelante y adaptarse a los tiempos o de echar la vista atrás para recuperar unos valores -un legado- que está en peligro, y ahí radica su dilema moral.

Porque, a fin de cuentas, la historia de artes marciales es secundaria. Lo realmente importante es ese código de honor y ese amor imposible encerrado en un botón y apenas manifestado, ese paso del tiempo que todo lo devora y que solo deja una pátina de recuerdos. Y por eso, la clave del Kung Fu que el grandmaster trata de inculcar a sus discípulos -volverse y saber mirar atrás- cobra entonces todo su valor, y la técnica queda relegada ante la inteligencia y la ética. Y también por esa razón, la película se convierte en una "ópera de la vida" (espectacular son la puesta en escena y los combates), o mejor... en "un tablero de ajedrez" donde las piezas tratan de construir su futuro, para terminar aceptando que "el destino depende de los dioses".
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8
La belleza de las artes marciales
Uno de los cineastas más laureados de la posmodernidad y uno de los que más influenciará en el futuro, el hongkonés Wong Kar-Wai, nos presenta una cinta de gran producción con las artes marciales como universo, en principio un tema muy diferente comparando con el resto de su filmografía.

La película se convierte en una clara obra de autor, con todas las reglas formales que conjuga el universo del cineasta de Hong Kong; una película de una gran belleza visual con una utilización de las texturas y los elementos prodigiosa, que recuerda a anteriores títulos del género como Hero (2002) aunque diferente en su gamma de colores y con un virtuosismo en los combates menos recargado en la obra del hongkonés.

A eso acompaña que el eje central temático no acaba siendo la lucha ni la acción si no temas ya manidos por Kar-Wai en anteriores cintas y que la dotan de mayor profundidad; y de una narración poco lineal y muy sútil que podrá hacer que algunos espectadores se vean abrumados y perdidos.

Un deleite visual y unos magníficos Tony Leung y Zhang Ziyi hacen de esta película mucho más que un título cualquiera de artes marciales. Una película para seguidores de Wong Kar-Wai y para interesados en el arte de la lucha oriental y su pensamiento.
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8
Deseando luchar
La figura de Ip Man es poco conocida fuera del mundo oriental. Sólo los más fanáticos fans de Bruce Lee le reconocerán como el que fuera su maestro de Kung Fu en Hong Kong. Sin embargo, sería injusto recordarle sólo por este hecho, que en el fondo es prácticamente una anécdota, ya tuvo una vida bastante intensa sobre todo durante los años 30 con la ocupación japones y el posterior advenimiento del comunismo en China que lo acabaron llevando a Hong Kong. Aunque los distribuidores del film, no han querido arriesgarse y han preferido que la sombra de Bruce Lee planee sobre la promoción del film.

Esto puede perjudicar al film, ya que, desde mi punto de vista se han dirigido al “target” equivocado puesto que aunque ciertamente el film habla de kung fu, para el realizador Wong Kar-Wai, no exactamente lo que más le interesa retratar. El film se ambienta sobre todo en China en los años previos a la invasión japonesa, en un momento en que están los diversos estilos de Kung Fu están en pleno esplendor. En ese ambiente, destaca Ip Man (Tony Leung), quien es reconocido por un viejo maestro kung fu de una fría provincia del norte de China, antes de retirarse a una vida más tranquila. Sin embargo, Ip Man quedará prendado por la hija del viejo maestro, Gong Er (Zizy Zhang). En realidad, el realizador se lleva la historia a su terreno particular puesto que tiene mucho más interés en explicarnos la historia de amor entre estos dos personajes que la de hacer un film de artes marciales al uso. De hecho, sobre la figura de Ip Man se han hecho varias aportaciones en clave de acción en los últimos años, aunque no han llegado a nuestro país.Por lo que, Wong Kar-Wai se aleja claramente del camino marcado por films anteriores (recomiendo buscar los films de Wilson Yip o Herman Yau).

Y no es que el film no hable de artes marciales, ni haya escenas de lucha. Ni mucho menos. Pero pasado por el tamiz y la sensibilidad de Wong Kar-Wai, estas cuestiones van quedando paulatinamente relegadas a un segundo plano. La excelente ambientación de los escenarios donde se reunen los maestros de Kung Fu (curiosamente elegantes burdeles) y los diversos estilos de lucha que componen este arte marcial, es el marco donde se conocen Ip Man y Gong Er. Un flechazo, que como suele pasar en las historias que retrata el realizador, es muy difícil de consumar, puesto que a ambos les obligan rígidas normas escritas y no escritas, las cuales no pueden impedir que se amen.

Pero, a pesar de estar más interesado en la historia de amor que hablar de las artes marciales Wong Kar-Wai no descuida de ofrecernos algunas escenas de lucha que más que espectaculares son bellísimas piezas estéticas en las que los contendientes prácticamente parecen bailar elegantemente. La mejor de todas (sin desmerecer ninguna de las que aparece en el film) es la que enfrenta a ambos personajes, en la que el realizador vuelca toda su sensibilidad y su buen hacer tras las cámaras, dejándonos que mientras pelean en realidad hay una fuerte atracción entre ellos.

No cabe duda que el film está mucho más cerca de “Deseando amar” que no de “Furia oriental” aunque no por ello se trate de una película que deba pasar desapercibida ya que hay pocos cineastas que sepan tratar de forma tan lírica y con tanta sensibilidad el desamor, la distancia, a lo que hay que añadir el retrato de un mundo que se ve obligado a cambiar, a su pesar, debido a los acontecimientos que no entienden de sensibilidades, tradiciones y otras ñoñerías.

Unos de los aspectos que más perjudican al film son ajenos al realizador. Aquí nos ha llegado una versión recortada de 130 minutos (la original está por encima de los 160 minutos), y los tijeretazos se notan ya que a menudo tenemos la sensación que el film va dando saltos en el tiempo para detenerse en momentos significativos, que sólo nos sitúa los fundidos en negro con la voz en “off”. Esta da una impresión de inconsistencia que nos impide valorar el film en su justa medida. En cualquier caso, aviso los amantes del cine de artes marciales no quedaran muy satisfechos, mientras que los que acabaron cautivados por “Deseando amar” o “2046” saldrán encantados.
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7
El estilo Kar-Wai
Más que un gran maestro, dos grandes discípulos se disputan el escenario y la atención de un público adicto a la épica de las artes marciales y la poesía del cine oriental, que admiró a Bruce Lee en películas mediocres y refinó sus propios gustos hasta preferir el actual wuxia pian a las imitaciones y estupideces gringas por el estilo de Matrix.

Ip Man (Tony Leung) pierde un combate con Gong Er (Ziyi Zhang). Más allá del relato, él será maestro de Bruce Lee y ella morirá invicta, sin que la derrotara nunca ningún hombre, sino el opio.

Ip Man pierde también como protagonista, pues resulta más interesante la historia de Gong Er, hija y discípula de Chan Wah-shun, gran maestro que unificó primero dos estilos clásicos de kung fu y después a las escuelas de norte y sur de China. Tras la jubilación de éste, su sucesor Yixiantian, alias “El Navaja”, colaboró con los invasores japoneses y fue premiado con un puesto en el gobierno títere, traición que desató la ira de su antiguo maestro, muerto al expulsarlo en circunstancias algo confusas. Gong Er vengó la muerte de su padre con un costo muy alto, renunciando al amor, a la felicidad… Con ella, que nunca se casó ni tuvo hijos, murió también “el legado de las 64 manos”.

La obsesiva fascinación de Zhang Yimou ante el rostro de Ziyi es superada por la de Wong Kar-Wai y su director de cámaras Philippe Le Sourd, quienes crean exquisitas imágenes de belleza melancólica. Ella puede aparentar todavía 20 años de edad, pero con suficiente madurez para una sabia economía facial (inclusive sin maquillaje, al menos en apariencia) que lo mismo transmite odio que profunda tristeza, prácticamente sin gesticular. Con la misma sabiduría de las artes marciales y el recurso de la técnica, en su actuación, la precisión del movimiento logra fuerza expresiva y emotividad.

Aunque las peleas no son tan espectaculares como suele ser el wuxia pian, y resultan confusas a ratos, la película es una auténtica lección de kung fu y un homenaje personal, pero falla en el pretencioso intento de concentrar filosofía milenaria y descripción didáctica en dos horas de metraje, que además contienen un poema visual. La narración es discontinua y farragosa.

En términos estéticos, el resultado es magistral, oscuro y seductor. La fotografía se hace una con la dirección artística o el diseño de producción, desde la escenografía y el vestuario hasta la coreografía y el ralentí, a través de una cuidadosa edición.

De no ser por la irrupción bélica de Japón en la historia de China, esta película sería un relato atemporal.

La cursilería solemne del final tiende al autosabotaje.
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1
Cine de acción, ¿no?
Creo que es el robo más grande jamás contado. Así, en pocas palabras. Me río yo de las estafas de Darín en 'Nueve Reinas' y de todos los timos de esas películas de tramposos, de robos y atracos. Esto es un mojón de cuidado. Miradlo bien y aplicad la lógica por favor, si hay algunos que difaman contra el cine de acción a diestro y siniestro y a esta la tienen con un siete, hay algo que no encaja. Joder, y que no encaja...

Vamos a ver. A mí, me gustaría poder llegar a comprender las razones exactas por las cuáles esta película fue catalogada de ACCIÓN. Comedme los huevos, coño, esto tiene la misma acción que un episodio de Doraemon. Dos escenas de pelea con raros mensajes presuntuosos bajo la lluvia y el resto es tediosa verborréa pseudoexistencial debieron de aspirar demasiado fuerte de eso que tomaron antes de pronunciar los diálogos. Porque se les veía demasiado inspirados a todos, como que lo vivían mucho, con demasiado ímpetu. Vale, en una película de artes marciales al uso (ojo, no estoy diciendo ni mala ni mediocre, sino que me estoy refiriendo a lo que UNO ENTIENDE POR PELÍCULA DE ARTES MARCIALES) eso hubiera quedado de puta madre, pero es que esto no. Planos de chinos de ciento treinta segundos cada uno, de como mira al suelo, melancólico, o de como se afeita o de como cae la nieve a sus pies (solo faltaba otro en el que después de cagar se quedara media hora mirando en el trozo de papel con el que se iba a limpiar el culo y que los espectadores supiéramos hasta de qué marca era, por su textura, olor y sabor; es belleza poética, amigos, arte en estado puro) y de radiantes vestidos de colores de chinas que fuman, bailan, se mueven raro y se ponen a hacer mareantes coreografías todo el rato. Y así dos horas.

Y a mí junto a mi amigo se nos quedó una cara de gilipollas después de habernos tragado esto, que no se nos quitaría ni después de tres guantazos bien dados.
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4
Un cuento chino
Cuando el trabajo de un ser humano no es asumido con seriedad.
Cuando, sin darnos cuenta le tomamos el pelo a los espectadores.
Cuando a los cinco minutos de la realización andamos inventando frases hechas mal acuñadas.

Ha llegado el momento de buscar otra cosa en la cual ocupar nuestro tiempo.

Loteria
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2 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Vaya mojón
En un acto desesperado el director taiwanés intenta coger el nombre de Ip man y convertir su historia en una patética película de absurda calidad tal y como abunda en el cine chino.
El reparto es de risa, no de artes marciales, ya que la mitad son comediantes y ninguno tiene conocimiento real de artes, eso sin mencionar las patosas coreografías que desde luego no es culpa del coreógrafo si no de los actores que no poseen la capacidad suficiente para hacer creer al público lo que están haciendo.
Wong kar-wai era todo un referente en el cine, no entiendo como ha podido caer tan bajo.
Grandísima decepción, y un insulto a las artes marciales.
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7 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
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