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5
Decepción al Cubo
Hay que decir que la película tiene los elementos necesarios para ser una gran película, actores de primer nivel, una historia más que atractiva y una fotografía sublime, sin duda lo mejor de la misma, pero por desgracia su desarrollo, aunque de interés, es en cierta forma estéril, ya que parece que durante su puesta punto Wong Kar-wai se le olvidó algunas escenas esenciales para explicar algunos momentos de la misma, con saltos que sólo el y su prole de amigos comprenderán, y eso que hablamos de un metraje de más de dos horas, llegando a ser en ciertos momentos algo confusa, derivando la misma, en el aburrimiento y el hastío.

En fín, decepción por partida doble, ya que la esperaba con ganas y porque esperaba mucho, muchísimo más.
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53 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cuento de cuatro estaciones
[AVISO: si has visto el trailer NO vayas a ver la película esperando una de Zhang Yimou en plan "Hero" o una similar a la de Wilson Yip... porque NO lo es]

Me parece curioso que únicamente en Hong Kong el título en inglés fuera “The Grandmasters” y en el resto del planeta se negara el plural de la obra… porque he aquí el plural de toda cimentación escondida en el mérito del héroe, de cada piedra que va colocando en su camino para construir un legado y con cada canto con el que debe tropezar. El cine de artes marciales siempre ha girado sobre saber quién era más fuerte o la venganza, pero Wong Kar-Wai quiere establecer un tratado sobre el testamento de un maestro y una historia de amor oculta e imposible. En este punto es inevitable no hablar de “Ip Man” y del cambio de manuscrito y orientación en las películas del director de “Deseando amar” y Wilson Yip, que daría continuidad (comercial) en “Ip Man II” (2010). La palabra con distingue y singular apellido fue en aquel entonces el gancho y la negación del plural; la frase «Fue maestro y mentor de Bruce Lee» estableció el marketing necesario. Es evidente que Kar-Wai desea establecer, al igual que Yip, otra vida y milagros del protagonista total más allá de la anécdota. Pero he aquí de nuevo la negación del plural en el título; “The Grandmaster(s)” no solamente quiere centrarse en la figura de Ip Man sino en la de los otros grandes maestros que perecieron en la memoria, junto a su arte, en la invasión de los japoneses…

Kar-Wai se ha topado con los mismos problemas narrativos que la cinta de Wilson Yip: la historia de Ip Man es tan amplia que el uso de elipsis y necesarios textos explicativos, que fueron el subtítulo al contexto histórico, pudieran dispersar el poder dramático. El director de “Fallen Angels” ha estructurado la obra en un cuento de cuatro estaciones pero sin orden cronológico, pese a marcar el comienzo del ciclo esa primavera que marca su vida antes de los cuarenta años cuando los maestros de las marciales de China competían entre Norte y Sur por el honor y respeto a sus respectivas familias y clanes. El Invierno llegaría antes del verano con la llegada de los japoneses y su invasión. Era momento de sobrevivir… mediante la imposibilidad moral de utilizar su arte marcial: «Las espadas tienen vainas porque su único propósito no es matar sino permanecer oculta». Las coreografías para alcanzar un trozo de pan… y dejar de ser un gorrión serán el nuevo orden, el honor como linterna… y luz para iluminar al pueblo. Los pequeños detalles, la cámara lenta y el folclore como organigrama de que la vida es como una obra de teatro, pero “The Grandmaster” deja en los espectadores la identificación del verano y otoño de la vida de Ip Man dentro de la épica y la historia incontable (e intangible) de amor entre la estática de la leyenda.

Dos décadas son suficientes para que ese maestro nos muestre la evolución desde una pelea en un callejón oscuro y lluvioso hacia esa lección de vital como testamento de su obra... aunque en el filme de Wong Kar-Wai las artes marciales son muchas veces cortejos reducidos a una gran exhibición de seducción y el cineasta se decanta por la historia de amor entre sombras de Ip Man y Er Gong, la única rival que pudo vencerlo… en distintos campos. El protagonismo de Gong aporta ese plural que el mercado internacional se ha decantando por ignorar. No es la historia de un gran maestro, sino la de dos que optaron por diferentes sendas (y completamente opuestas) en la herencia de su arte. La melancolía y la compasión se difuminan con el sentido del espectáculo en ese anhelo final sobre los lamentos por los actos pasados. Er Gong nos recuerda el sentido de las artes marciales y sus tres etapas: conocerse a sí mismo, conocer el mundo, conocer todas las cosas vivientes. Aparte del propósito de enmienda también habita una moraleja de la historia: «¿Recuerdas cuando te dije que no hay nada de que lamentarse en la vida? Todo eso es mentira. Si la vida no tuviera remordimientos sería realmente aburrida». Porque todo se reduce a la poesía de la desaparición, como una gran y mayestática coreografía cinematográfica de artes marciales; aunque repitas el movimiento, el tiempo habrá pasado.
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38 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Wong Kar-Wai, el gran maestro
Han tenido que pasar seis largos años para que volvamos a disfrutar de una nueva película de Wong Kar-Wai. Desde que el director chino presentase "My Blueberry Nights", su film más accesible hasta la fecha, hemos tenido que soportar una larga espera los que, como un servidor, amamos el cine de Wong Kar-Wai, pero la espera ha merecido la pena.

Me sentía bastante reacio ante esta película antes de verla. Exceptuando los casos de "As Tears Go By" y "Ashes Of Time", el cine del director afincado en Hong Kong siempre había sido de temática romántica, con lo cual un film de artes marciales no es precisamente lo más normal para Wong, y más teniendo en cuenta que "Ashes Of Time" es su peor película sin duda.

Y es que, "The Grandmaster" no es una película de artes marciales al uso, ahí está la grandeza de la película y lo que ayuda a que el cine de Wong Kar-Wai tenga sentido entre combates de kung fu. La película no es siquiera una biografía en el más estricto sentido de la palabra. El realizador chino se centra en hablar de filosofía pura, de poesía a través de espectaculares combates que ponen el vello de punta. Si de un tema trata la película es del kung fu, pero no solo a nivel de arte marcial, a nivel de forma de vida. Elige la figura de Ip Man, interpretado por Tony Leung para hablarnos de ello, pero no es una película que abarque toda la vida del maestro de Bruce Lee. Solo es un personaje más en un precioso poema visual.

Una vez más, Wong Kar-Wai demuestra por qué es mi director asiático contemporáneo favorito. Maneja la cámara como nadie y le saca el máximo partido a cada toma. No solo en los combates, que son realmente espectaculares. También en el resto de escenas pone su toque particular creando esa atmósfera tan suya, tan impresionante. En "The Grandmaster" no destaca tanto, a excepción de otras películas del chino, el uso de la banda sonora. El film cuenta con una buena BSO, pero no es tan fundamental como en otras obras de Wong, que casi parece un personaje más fe la película.

En resumidas cuentas, "The Grandmaster" es una película excelente. Un bello poema visual, profundo y potente a partes iguales. Wong Kar-Wai ha sabido crear magníficas escenas de acción sin perder un ápice de su estilo íntimo, bello y personal. No busquéis una película de artes marciales como tal, no lo es. Tampoco una película biográfica sobre Ip Man, tampoco lo es. Eso sí, si como yo sois amantes del cine del director nacido en Shanghai, no dejéis de verla.
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20 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Entendiendo el kung-fu como movimiento cinematográfico
Que Wong Kar-Wai es uno de los grandes maestros del cine moderno no le pilla a nadie por sorpresa. Autor de algunas de las mejores películas de los últimos 20 años (Chungking Express, In The Mood for Love, The Hand), su regreso a las artes marciales (tras la también excelsa Ashes of Time) era ansiado desde que anunciara allá por 2007 el proyecto de The Grandmaster, una macroproducción que llevaría a la pantalla la vida de Yip Man, conocido también como Ip Man y más aún por uno de sus logros: haber entrenado al mismísimo Bruce Lee. Reuniéndose con su actor fetiche tras la aventura americana de Norah Jones, el siempre cumplidor Tony Leung Chiu Wai daría vida al protagonista siendo secundado por la bellísima Zhang Ziyi. Ambos habían coincidido en 2046, con grandes resultados; por lo que la cosa se ponía incluso más interesante. Los problemas de WKW con sus filmes son conocidos por todos aquellos que se hayan interasado un poco por su trayectoria: nunca está conforme con los cortes finales y los mima hasta que no le queda otro remedio que estrenarlos. En este caso The Grandmasters tuvo su estreno en enero tanto en cines comerciales como en el Festival de Berlín; horas antes de su pase para público, WKW seguía en la sala de montaje dándole los últimos retoques.

Una vez se ve el film se nota en parte que su director tuviera cierto recelo a la hora de mostrarlo. La película, indudablemente la menos buena de su dilatada carrera (lo cual significa que como poco es buena pero que no llega a los niveles de calidad acostumbrados), tiene problemas importantes como un uso de la música (sobre todo en combates) bastante irregular, ciertos recursos marca de la casa alargados hasta el infinito y otros de los que se abusa tanto (cámaras lentas, planos de transición entre hostia y hostia, como gotas cayendo) que casi hacen que la película parezca una parodia. Al margen de una historia que se divide en tres personajes, por tanto tres puntos de vista, sin haber ningún tipo de equilibrio entre ellos (el del hombre trajeado tiene dos momentos superlativos y un tercero totalmente erróneo) por problemas evidentes de corte de metraje: faltan piezas en el puzle. No es la primera vez que WKW divide historias (sirva recordar 2046) pero aquí se notan mucho más las costuras.

Cuando la película está a su mejor nivel, no obstante, es un puro placer para los sentidos. WKW sigue siendo WKW, por descontado, y aunque su poesía aquí se note algo forzada en los momentos de más acción, todo aflora y se alza cuando se introducen los episodios íntimos. El tercer acto es especialmente notable, aquel en el que por fin vemos al realizador de In The Mood For Love en su plenitud, consiguiendo que la comunión entre imagen y música cristalice de forma total. Como cine de acción es un film notable, y como película de WKW es menos buena de lo esperado pero aún así dignísima, por encima de la media del género. Dicho lo cual, no esperes la gran revolución del siglo ni enterarte demasiado de la vida de Ip Man (para eso, ponte la película de Donnie Yen), pues el foco aquí se pone en otros aspectos. Para recordar, la maravillosa Zhang Ziyi robando planos (como ese en el que suena Lacrimosa) y, una vez más, su tramo final.

Una buena película en la que el maestro se siente más como un alumno aventajado. No pasa nada: ojalá todas las películas menores volasen tan alto como The Grandmaster.
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17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Wong Wong y su mundo piruleta
Bueno: (dos puntos)
(se arremanga)

Yo a Wong Kar-Wai le tengo tirria. Ya está, ya lo he dicho. Con una gran y única excepción en su filmografía: "Chunking Express". Esa película es maravillosa y nunca entendí por qué no volvió a hacer algo parecido.
Eeeh... vuelvo al tema: ya sé que los círculos amalgámicos y el Festival de Cannes lo adoran, pero a mi este señor no me la da con queso. Ahora justificaré mi opinión:
Tengo la sensación de que siempre y sobretodo estos últimos años sus películas se centran en el argumento de manera muy superficial. Los dilemas de los personajes siguen tratándose de la misma manera (sean homosexualidad, infidelidad, represión sexual...), en forma de miradas anhelantes, suspiros de decepción, sonrisas convalecientes y silencios infinitos. Sin embargo, en vez de profundizar en ellos se dedica a resaltar los planos dramáticos y el brillo del pintalabios de Gong Li o Zhang Ziyi. Creo que lo que le ha hecho vender en Occidente ha sido esa obsesión por el preciosismo...Pero sus personajes son muñecos y muñecas que padecen pero no se mueven. Son siempre pasivos.

Por eso: Cuando delante de mis ojos Youtube reprodujo el trailer "The Grandmaster", con el fantástico trío que siempre me hace tan feliz (Zhang Ziyi, Tony Leung, y mi adorado Chang Chen), dirigido por el mismísimo Wong Kar-Wai, yo pensé: "esta combinación tiene que funcionar de alguna manera, aunque sus diálogos sean nulos".
Me imaginé una buena coreografía de Wushu rodada de la mano de este hombre y pensé que tenía que ser genial.
...

Y ahora me expresaré al respecto.

Chang Chen: Yo lo amo.

Pero su papel en esta película me ha parecido sobrante. En primer lugar: Chang Chen no es un actor especializado en danza y Wushu como lo son Tony Leung y Zhang Ziyi. Por lo tanto, ponerlo al nivel de sus personajes, interpretando a "La Cuchilla" Yixiantian, es, cuando menos, curioso. Que conste que no lo ha hecho mal para ser quien es, pero no era un papel necesario. Sobretodo porque nunca nos explican a lo largo del film qué relación pueden tener Yixiantian y Yip Man. ¿O Yixiantian y Gong Er? ¿Está basado en hechos reales?
Aún así, la escena del tren en la que Gong Er encubre a Yixiantian para que no descubran sus manchas de sangre después de matar a unos japoneses es un acierto porque es realmente muy bonita.
En fin, yo supongo que Wong Kar-Wai también está enamorado de Chang Chen (no lo culpo) y por eso quería meterlo ahí haciendo filigranas. Dijo: "Si cuela, cuela, y si no, me la pela"
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15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Esteticismo, virtuosismo visual y afectación al servicio de una historia prolija y dispersa
Wong Kar-Wai es un cineasta de muy marcada y reconocible estética, y de reconocido prestigio crítico, no siempre acompañado de éxito de público, por ecléctico o minoritario que sea. En este caso presenta una biografía que abarca casi cuatro lustros (de los años treinta a los años cincuenta) que aborda temas como el honor familiar, la tradición y la enseñanza de las artes marciales, el amor no correspondido, la fidelidad a la tradición, el respeto al maestro, los peligros de la innovación y las fatales consecuencias de la falta de consideración hacia la historia de un linaje o de un pueblo.

Y la suma de las partes en verdad acaba por no estar del todo bien ensamblada, quedando todo bastante agobiado, encorsetado y disminuido por un exceso de decoración, de amaneramiento, de languidez, de gotas de lluvia cayendo a cámara lenta sobre charcos bellamente dispersos, de movimientos de cámara que apenas muestran leves gestos afectados o forzados encadenados visuales que poco añaden a la narración y contribuyen a ralentizar la historia y a distanciar al espectador por pura acumulación barroca de belleza, maquillaje, vestuario, muebles y muecas.

Wong Kar-Wai es un director de raza y con una estética singular, que cuando está al servicio de un relato cuajado y compacto, consigue obrar el milagro de ofrecer una joya de incalculable valor. Pero es este caso el episódico guión apenas engancha, los saltos en el tiempo contribuyen a diluir la atención y las bellas coreografías de las escenas de acción detienen en exceso el ritmo de la historia, por lo que se pierde interés y se anula su efectividad.

El tema central de la fructífera (o nociva) relación maestro – discípulo acaba ahogada entre tanto oropel y artificio. Es una película muy bella y es admirable el uso que hace de los decorados y del vestuario, pero sabe a poco y produce más cansancio y fatiga que logros o reconocimiento. Hermosa pero vacua, interesante pero prescindible. Decepcionante.
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12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Buen regreso de Kar-wai homenajeando a Yip Man y las Artes Marciales
La última película del gran director de Hong Kong Wong Kar-wai, director de excelentes filmes como In the Mood for Love, Happy Together y 2046. En esta oportunidad, nos trae un biopic sobre la vida de Yip Man, el gran maestro de las artes marciales chinas, quien además fue el maestro del famoso Bruce Lee. Pero Lee es otra historia, esta es la historia de Man, un hombre que rescató e hizo posible la difusión de las artes marciales alrededor del mundo.

La película, dirigida y escrita por Kar-Wai, nos transporta a la vida de este hombre, que como él mismo define en la película, vivió su primavera hasta los 40 años, gracias a la herencia de sus ancestros, lo que le permitió dedicarse al estudio de las artes marciales y al perfeccionamiento de sus técnicas. Luego de los 40, vendría su invierno, que coincidiría con el conflicto entre China y Japón en el año de 1937 hasta 1945. Tiempo en el que tuvo que reacomodar su vida. Nos muestra su relación con su esposa e hijos, algunos de sus innumerables y míticos combates, y su íntima relación imposible con Gong Er, la heredera de la familia Gong, una de las más importantes y prestigiosas en aquel tiempo.

El filme me ha gustado, es el regreso del director, que es uno de mis favoritos, luego de su pasado largometraje presentando en el 2007 “My Blueberry Nights”. Cuenta la historia desde su particular estilo visual y poético, haciendo de las luchas hermosas coreografías, que condimentan ese repaso vital en la historia de las artes marciales.

Debo reconocer que el filme se extiende un poco, dura un poco más de dos horas, con algunas escenas que creo que pudieron depurarse, pero en general quedo hipnotizado con algunas de sus escenas, sobre todo en esa que llega casi al final, donde se hace presente un Kar-Wai totalmente reconocible, en filmar la nostalgia, el anhelo, el desamor o los amores imposibles. Esas escenas están tan cargadas de belleza, que me hacen olvidar inmediatamente todos los pequeños puntos negros de la trama.

A pesar de todo, tengo que reconocer que no es uno de los mejores trabajos del director, pero aún así me ha parecido un homenaje especial a la figura de Yip Man y a las mismas artes marciales. Como siempre, el trabajo visual y técnico es destacable, con una excelente fotografía y buen uso de la música. Pero si hay algo que resaltar, además de la destreza visual del director, es el trabajo de los actores, que aquí cuenta con tres de los mejores actores del cine asiático, desde el excelente Tony Leung, que aquí brilla con luz propia, la hermosa Zhang Ziyi, quien interpreta a Gong Er, que aquí también hace un excelente trabajo y otro de los actores fetiche del director, como es Chang Chen.

En síntesis, aunque no es de los mejores trabajos del director, es una cinta recomendada, para ver apartes de la vida de este personaje tan importante de las artes marciales, para ver el excelente trabajo de los actores, y para ver una vez más el trabajo, tras de cámaras, de uno de los mejores artistas visuales del cine contemporáneo.

http://asbvirtualinfo.blogspot.com/2013/06/the-grandmaster-wong-kar-wai.html
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Once Upon Time in Hong Kong
Me gusta el Wuxia. Como mostró Tarantino, es el Western oriental. Me encanta el Western. Ambos géneros son más que hermosa fotografía y escenas de acción, tiros o peleas. Hay un potencial trágico y operístico en ellos. Con sus paisajes inabarcables, las sucias tabernas o los recargados burdeles, una épica reposada y profunda, duelos y la intensa carga emocional arrastrado por sus personajes, son géneros perfectos para dilatar y concentrar el tiempo al antojo de delicados climas emocionales que nos envuelven profundamente. Son géneros perfectos para crear películas emotivas y reflexivas con el tiempo como figura central. Sergio Leone lo sabía. Adoro a Sergio Leone.

Hay mucho Sergio Leone en esta película. Mucho de Erase una vez en América (Once Upon Time in America, 1984) más allá de los arreglos a la formidable composición de Ennio Morriconne Deborah’s Theme. The Grandmaster también es una narración subjetiva movida por la memoria en que bucea su protagonista. Allí, “Noodles” (Robert de Niro) hilvanaba el humo de sus recuerdos sobre la amistad perdida con el ambicioso Max (James Wood) dilatando el tiempo de la narración por sus emociones; del mismo modo, aquí, el mítico Ip Man, maestro de Bruce Lee, viaja en busca del tiempo perdido. Una búsqueda imposible en pos de un amor sutil que pudo ser y no fue, perdido en el devenir del tiempo. Un tema en absoluto ajeno para el director de Deseando amar (In the Mood For Love, 2000). El opio siempre es un consuelo para el recuerdo. Ip Man, que a causa de la guerra pasó de tenerlo todo a ser un inmigrante más en Hong Kong, sin una manta si quiera que echarse sobre los hombros, escogió otra alternativa. Escogió el Kung Fu. Más que un arte marcial: una forma de vida. The Grandmaster es un homenaje a este hombre.

La memoria no es aséptica y la recuperación del pasado es siempre emocional, nunca histórica. Por ello es tan hipnótico el clima creado por Wong Kar Wai. Onírico, subjetivo, provocando cierta sensación de irrealidad, como corresponde al recuerdo. Hasta las peleas, coreografiadas por el experto Yuen Woo-ping (Matrix, Kill Bill, Tigre y dragón), contribuyen a esta sensación. Cámara lenta, gotas de lluvia (o nieve) rotas por el combate, primeros planos de los pies o las manos danzando, o de los elementos del entorno, como los hipnóticos rostros de las estáticas prostitutas. Especial atención merece el íntimo duelo entre la pareja protagonista.

Para Wong Kar Wai la memoria va más alá de los personajes, y a través de sus recuerdos, presenciamos la historia del Kung Fu, y la de China. Al director de 2046 (id, 2004) le interesa ahora la primera generación que emigró a Hong Kong con lo puesto cuando China se agitaba tras la guerra. Ahí se juntaron gentes de lo más variado, confluyeron innumerables escuelas de Kung Fu y Bruce Lee se hizo discípulo de Ip Man. Así es como Hong Kong se ha convertido en lo que es.

Es aquí donde tiene sentido el personaje de el Navaja, pero a cambio de una dispersión que resta fuerza al relato y convierte el film en una obra maestra fallida. Más incluso de lo habitual en el director chino de gafas oscuras, la narración se vuelve confusa. Vuele a ocurrirme lo habitual en sus películas: me sumerjo maravillado por el tono emocional de la película y me produce una honda sensación que permanece tiempo después de abandonar el cine, pero me cuesta seguir el hilo, saber qué me está contando el director cantonés.

En cualquier caso, The Grandmaster es el acercamiento autoral de Wong Kar-Wai a un género injustamente denostado. No tiene la magia de Ang Lee en Tigre y dragón (Wo hu cang long, 2000), ni la espectacular lírica de la trilogía wuxia de Zhang Yimou -formada por Hero (2002), La casa de las dagas voladoras (2004), y la fallida La maldición de la flor dorada (2006)-, ni lo pretende. The Grandmaster es la aproximación íntima y reflexiva de un género y un arte marcial ideal para ello. Pero es, ante todo, una película de imágenes (no es de extrañar los múltiples montajes hechos por el director), imágenes que persisten en la memoria.

Me gusta The Grandmaster.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
The grandmaster
Dentro de una gran elegancia y belleza, de una respetuosa sobriedad, de una destacada finura y de una enorme delicadeza en las formas se esconde una profunda potencia y firmeza en el contenido, la fuerza de unos certeros y hábiles golpes, la irresistible seducción del majestuoso baile marcial que oculta toda una poética danza de la vida, del respeto y del amor más imperecedero; esta historia real y distinguida sobre el kung fu y las 64 manos, su época de lucimiento y mayor altivez y su posterior evolución tras los acontecimientos vividos en China es de gran impacto visual, un gran placer para el sentido de la vista y de una magnífica exhibición del dominio de las artes marciales. La dignidad y la entereza de un orgullo milenario, la majestuosidad de los años dorados, el encanto y la magnificencia del metódico y del -precioso- estilo en el proceder contenido, el caos y descontrol de la pérdida de su gran poderío, la conservación del honor y respeto por una forma de vida cuando ésta se tambalea, una gran historia de amor reprimida en lo más hondo de la piel..., se trata de un relato de gran maestría, de disfrute para los amantes de las artes marciales, de placer para las emociones y de gran exhibición contextual; su juego en tonos neutros, con sorprendentes y detalladas colisiones en su tonalidad, su eterna armonía en el proceder, la enorme cantidad de sentimientos no relevados de gran suntuosidad..., es un magnífico trabajo de gran añoranza en su demostración, de profunda tristeza en su contenido y de una eficaz y vigorosa acción efectiva. Se disfruta enormemente, tanto si eres seguidor de las artes marciales como si no lo eres -un poco menos en este caso- porque, sencillamente, es una historia viva emocional, de gran turbación y enternecimiento, relato estiloso y refinado de amplio y penetrante volumen afectivo. Te guste o no es bella, deliciosa y escultural; de inmensa nobleza.

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
"La gente espera el momento justo, el momento justo no espera por ellos"
Película biográfica que se centra en la figura de Yip Man (Tony Leung), un experto en artes marciales del cual vamos viendo su desarrollo como atleta sin dejar de lado el contexto histórico en el que se encontraba, parte muy importante para el film.

De esta forma se va desarrollando contando con distintos saltos temporales en su narración, he de decir que la forma en la cual está narrado no me agradó, puesto que en varios momentos tiende a sentirse confuso en su desarrollo.

Quizá pensando en una obra más intimista para quienes conozcan algo de la figura de Yip Man, porque incluso quienes se vean como fiebres de las artes marciales, puede que se sientan desilusionados por la no preeminencia total de estas.

La película cuenta eso sí con la característica forma que Kar-Wai le imprime a sus películas, presentándose como un producto bello, las peleas están muy bien realizadas, con el uso de los efectos de sonido, la música y la cámara lenta (tal vez algo excesiva).

Yi dai zong shi es un film interesante, pero que resulta aburrido en algunos momentos, quizá se pudo recortar algo su duración, pero esto es compensado por lo bien realizado que esta, punto muy a su favor y que hace que uno siga enganchado.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Wong Kar Wai descafeinado
Si hay un director famoso en el mundo entero para los más férreos amantes del cine y desconocido por el público general, ese es Wong Kar Wai, director de obras maestras como "Deseando amar", "Happy together" o "2046". El director Hongkonés es habitual en los Festivales más importantes de todo el mundo y parece que desde que firmó "2046" ha decidido llegar a un público más amplio. De ahí que el director decidiera probar suerte con "My blueberry nights" una obra menor que hizo que muchos críticos le dieran la espalda.
Ahora 7 años después Wong Kar Wai vuelve a su Hong Kong natal para contarnos la historia de Yip Man, uno de los grandes maestros de las artes marciales y más conocido por ser el hombre que entrenó a Bruce Lee.

Con "The Grandmaster" parece querer redimirse, pero no lo consigue del todo. A lo largo del metraje podemos observar como el director sigue con su estilo de siempre, cámara lenta, largos travellings acompañando a sus personajes, una banda sonora impecable y planos visualmente perfectos. Sin embargo, no acabamos de conectar con la historia que acaba por hacerse lenta y aburrida.
A través de Yip, también conocemos la historia de Hong Kong durante la invasión japonesa y quizás es demasiada información lo que nos quieren contar, tanta que acaba saturando. De ahí que la densidad de ésta acabe siendo un problema a la hora de centrarnos en la historia principal.

La fotografia corre a cargo esta vez de Philippe Le Sourd (director de fotografía de "7 almas") realizando un trabajo formidable, en especial en las secuencias grabadas de noche haciendo que las imágenes que vemos sean un placer para la vista, además de las dificilísimas secuencias de lucha.
Y es que si la película falla en cuestiones de trama y guión, ninguna pega se le puede poner al aspecto técnico de ésta, muy cuidado y milimétricamente estudiado.
Y es que si algo podemos aplaudir son las coreográficas peleas que el director rueda asumiendo riesgos estéticos pero con un resultado impecable que sobresale en belleza por encima de las de "Tigre y Dragón".
Las interpretaciones como en la mayoría de los films del director son muy contenidas con emociones que evolucionan desde lo más dentro hasta fuera. Tony Leung uno de sus actores fetiche lidera el film llevando todo el peso dramático de la película sobre sus hombros realizando una de sus mejores interpretraciones en los últimos años.

La música que acompaña al largometraje corre a cargo del compositor Shigeru Umebayashi siendo un gran estudio de la música Hong Konesa de los años 20 y 30, además de saber complementarla con los sonidos épicos de las películas de artes marciales.
Una película inferior a las que nos tiene acostumbrados "El gran maestro" de Wong Kar Wai, en la que se sigue intuyendo al genio detrás de la cámara pero que queremos de vuelta con sus historias de personajes angustiados, románticos y violentos.


Óscar San Martín.
http://ciudadanoskine.blogspot.com.es/2014/01/the-grandmaster-lo-ultimo-de-wong-kar.html
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Tan preciosista como peñazo.
No es sencilla la valoración de una película que tiene tres montajes diferentes: ¿Será mejor o peor que los otros el que nos ha tocado en las salas españolas…? Opinaré, pues, con la debida cautela.

Tras un paréntesis "occidental" (My Blueberry Nights), Wong Kar-Wai regresa haciendo añicos las leyes de un género tan codificado y sometido a clichés como es el biopic (en este caso la vida de Ip Man, maestro de Bruce Lee). Pero ésta no es como la típica-tópica de Mandela…

No; aquí prima la atmósfera sobre el argumento. Una atmósfera onírica, un paisaje propio de la ensoñación, una ficción alucinada que funciona como presentación fantasmal de amores frustrados y pasados tan gratos como irrecuperables.
Una narrativa no lineal refuerza esa sensación de irrealidad al descoyuntar tiempo y espacio.

Película fuertemente intimista por mucho que contenga espectaculares coreografías de artes marciales; pues también en esas escenas se presta atención al detalle íntimo (la lucha entre el prota y la chica es como una danza de claras alusiones sexuales, una hermosa danza de sentimientos, un combate de grácil sensualidad).

The Grandmaster restaura el verdadero espíritu de las artes marciales mostrándolas como una práctica contenida, virtuosa, elegante, muy lejos de la burda violencia de tantos subproductos.

Tony Leung borda el papel con su clase y seguridad habituales, bien acompañado por la guapísima Zhang Ziyi.

Consignadas sus virtudes no oculto que The Grandmaster es un rollo patatero, y que los escasos espectadores fueron abandonando la sala sin prisa pero sin pausa, quedándonos tan sólo mi acompañante y yo hasta el final.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Cierta decepción
La verdad es que al salir del cine me he sentido un poco decepcionado con Won Kar Wai. Hasta ahora sus películas eran impecables con historias cautivadoras e imágenes preciosas. The Grandmaster tiene partes interesantes y partes soberanamente aburridas. Y desde el punto de vista técnico deja bastante que desear. Cámaras lentas simuladas, montaje a trompicones, la excelente dirección de fotografía que era algo que caracterizaba a las películas de Won Kar se esfuma como si nada, con planos fuera de foco y otros con un ISO tan alto que casi parecen grabados con un iPhone del ruido que tienen.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Un combate visual deslumbrante
Pese a que el género de las artes marciales no es nuevo para el hongkonés (ahí está ASHES OF TIME y su posterior reedición), no deja de estar justificada la enorme curiosidad que despierta este evidente viraje artístico, dentro de la obra de uno de los estetas más nobles que conoce el cine contemporáneo. THE GRANDMASTER, sobre el papel, despierta un buen número de curiosidades, pues el desplazamiento genérico desde un film como MY BLUEBERRY NIGHTS hacia el que ahora comentamos es cuanto menos forjador de no pocas intrigas… ¿Habrá sido capaz el realizador de no sucumbir a los imperativos coreográficos, violentos, superficiales y delirantes a los que nos tiene acostumbrado este tipo de legado asiático? La respuesta, afortunadamente, es no.

THE GRANDMASTER, sabedor de la encrucijada de corpus que plantea, es un film que tiene la valentía de aprovecharse de esas numerosas costuras que lo hilvanan. Desde el primero de sus planos, se pone en evidencia un atractivo combate, que no es el que dirimen sus personajes dentro de ella, sino el que pone en litigio la voluntad autoral del creador y las reglas inherentes al producto en el que ha decidido inmiscuirse.
El hipnótico fluido de imágenes que propone no es sino el fruto, el fogonazo, la candencia de la fértil y desequilibradora pugna entre la flagrante disimilitud de esas dos voluntades convocadas: la de quien no está dispuesto a dejarse arrollar por la dificultad de la empresa y la de los obstáculos dirimidos por ésta. El director asiático, de esta forma, sabe apropiarse de un género al que conmueve medularmente sometiéndolo al mandato de su humedecida, cimbreante, lascivamente frágil predilección expositiva.

De resultas, los mejores momentos de THE GRANDMASTER son aquellos –los más- en los que sale vencedor el afán envolvente, etéreo, inaprensible, deslizador, líquido y enigmático de su realizador. Se nota el gozo del cineasta por imponerse a la envarada codificación del género: Kar Wai y su equipo artístico, insistimos, logran la proeza de estimular un novedoso acercamiento hasta él. La cámara del realizador propone elegancia, sensibilidad, hondura y significados nuevos a los oxidados desenfrenos acrobáticos ya consumidos.

La verdadera esencia del film la compone el modo con el que el realizador enriquece de significados emocionales, afectivos y subjetivos todos y cada uno de los obligatorios combates convocados. Mediante ellos bucea en el tormento y en la pasión que aprisionan a los dos personajes centrales: Kar Wai aporta angulaciones, acercamientos y ralentís nunca vistos, puesto que la acción encuadrada no tiene importancia en sí misma, sino que está al servicio de una intencionalidad novedosísima. En THE GRANDMASTER la pugna karateka no es más que la excusa para un retorno al melodrama conmovedoramente cauto que ha caracterizado siempre a su creador.
El extensivo poderío ejecutor del autor de HAPPY TOGETHER se inmiscuye entre las bellísimas piruetas actorales dictaminando una puesta en escena en la que el gusto por el detalle hecho captura, el pincelado del recoveco, la detención del instante, la exaltación de la mirada, la sorpresa mostrativa inesperada y la vertiginosa significación estética se adueñan del encuadre privilegiado. Los combates, las pugnas, los ajustes vengativos, las exhibiciones marciales ceden a la hipnosis coherente del cálculo emprendido por la orquestación de un cineasta siempre obsesivo, extenuante, sinuoso y preocupado por alumbrar una densa apropiación de un género que, en sus manos, se somete al dictado de una arrolladora fertilidad sensorial.

Sin embargo, contra pronóstico, hay un palmario desequilibrio que menoscaba la totalidad de un film que podría haber sido sobresaliente. En THE GRANDMASTER el personaje principal, paradójicamente, acaba quedando ensombrecido por la grandiosa aportación de un excelente personaje femenino. Ip Man no puede más que dejar paso a la altiva, segura y subyugante Gong Er, la hija de Gong Baosen, el maestro del noreste chino que repara antes que nadie en las habilidades de Man. El film no resiste que su personaje medular quede en un segundo plano no previsto, pues gana unos magníficos enteros afectivos, emocionales y misteriosos, que menguan ostensiblemente cuando ella (una espléndida Zhang Ziyi) no se halla en escena.

De todas formas, THE GRANDMASTER salda su particular contienda con la saludable noticia de que Wong Kar Wai ha sabido hacer del peligroso envite un estimable artefacto mediante el que acreditar su aterciopelada valía.
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8
El regreso de Wong Kar-Wai
The Grandmaster se ha vendido al mundo como una película sobre Ip Man, el maestro de artes marciales de Bruce Lee, sin embargo no ha sido nunca la intención de Wong hacer un biopic sobre este peculiar personaje, y mucho menos sobre como Ip Man entrenó a Bruce Lee o cualquier otra cosa parecida. Su intención mas bien ha sido hacer un retrato de la época en la que vivió Ip Man, un retrato de como las artes marciales han marcado la vida de los chinos y como ha evolucionado todo ello con el paso del tiempo, por supuesto, teniendo a Ip Man como punto de referencia.

Sin embargo, cabría destacar que el título original de la película no es The grandmaster, sino The Grandmasters en plural, pues Ip Man (interpretado magistralmente por Tony Leung chiu-wai) no es el único maestro que aparece en la película, y ahí es donde entra Gong Er, una hermosa mujer (interpretada con la elegancia habitual de Zhang Ziyi) que tiene una filosofía sobre las artes marciales y sobre la vida totalmente opuesta a la de Ip Man. A mi modo de ver, Wong ha pretendido mostrar la diversidad que ha habido siempre en las artes marciales chinas.
Por otra parte, hay un último maestro que merece nuestra atención, y es "El cuchilla" interpretado por Chang Chen. Este personaje aparece de forma esporádica en la película, pero en ningún momento se nos explica quien es exactamente, ni que pinta en la historia ni nada de nada, y por mas que he investigado no he descubierto nada sobre este personaje, aunque aparece en una de las escenas más hermosas de la película. Es posible que nos hayamos perdido la historia de este personaje ya que la película ha tenido que ser cortada y no aparece en la versión final todo el material que Wong rodó, además de que el montaje realizado para su estreno en Occidente no es el mismo que para China.

Al margen de este tema, Wong retoma algunas de sus constantes como no cabía esperar otra cosa. Obviamente está el desamor, su tema predilecto y que no podía faltar, pues sus protagonistas son siempre personas heridas, que parece que huyan de la felicidad. También nos encontramos con sus habituales estilemas técnicos y estéticos. Su estilo personal no ha variado por mas que sea una película muy diferente a las demás, sigue siendo tan maravillosa y visualmente poderosa como las demás.

La ciudad vuelve a ser el marco de su historia, y como siempre son ciudades melancólicas, acorde con los sentimientos de los protagonistas, los cuales se cruzan en sus lugares comunes y típicos en las películas de Wong, como son los restaurantes, los trenes, los callejones... Su particular uso de la cámara hace de las escenas de lucha una delicia, algunas de estas escenas son fantásticas, como la pelea de la estación que ha sido la más glorificada por la crítica en general. Los rótulos temporales y la voz en off son nuevamente usados para cubrir las lagunas de la narración, y en mi opinión no molestan para nada, es más los críticos que han dicho que estos intertítulos molestan es que nunca han visto una película de Wong o no han comprendido su cine.
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8
Inmortalizando gotas de agua.
El legendario director hongkonés, creador de joyas como Deseando amar y 2046, retorna con la vida y obra de Ip Man, maestro de Bruce Lee, para otorgar un genial y vigoroso poema en movimiento, a ralentí del arte marcial, de arrolladora elocuencia lírica que, junto con su impagable hazaña visual, hipnotiza a ritmo coreográfico. Minucioso detallista y enfermizamente escrupuloso en su búsqueda de la exquisitez, The Grandmaster supone una regeneración, o más bien una continuación, de sus dotes narrativas para enlazar en armonía el intimismo del romance con la espectacularidad épica de los combates.

Son particularmente en estas escenas de acción donde Kar-Wai se recrea con bravura e inmortaliza su realización a través de la dispersión y fragmentación de los puntos de vista, que añaden riqueza y ritmo a sus secuencias. La lógica emocional, tan habitual en sus películas previas, da paso aquí a la lógica corporal, pues los combates condensan lo físico y lo filosófico en un solo atributo, llenando de energía el ritmo interno del relato. Apelando a su función puramente plástica, su espectacularidad es absolutamente abrumadora.
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7
Buena
Una película ágil y entretenida , bien contada y sin pausa,merecidamente gano el oscar asiatico, por sus grandes escenas y efectos especiales y por la gran labor de sus actores Tony Leung Chiu Wai, Zhang Ziyi,Chang Chen.
Una historia que yo en particular ya había escucha y la verdad me ha sorprendido lo bien que ha sido lograda, buena trama, y gran intriga.
Muy buena.
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8
KUNG-FU-LOVE
La extensa obra de Kar-wai, puede no acabar de cuajar en cada una de sus personales y fascinantes propuestas, pero el poder de seducción de sus imágenes, su estilización, buen gusto y artística mirada allá donde posa la cámara le hacen estar en la lista de mis directores favoritos. Por no hablar de su proverbial gusto por el color y sus montajes y fotografía exquisitos.
Me sorprendió que asumiera una película de genero. En este caso sobre las artes marciales. No le pegaba nada. Pero el zorro, con perdón, ha utilizado la presunta biografía parcial del maestro del Kung Fu Ip Man, popularmente conocido por haber tenido entre sus alumnos a Bruce Lee para contarnos una vez más otra historia peculiar de amor. De las que le gustan, mimando los rostros de los personajes y enmarcándolos en atmósferas y encuadres marca de la casa.
Eso sí, si alguien no conoce su cine y se ve atraído por las siempre espectaculares, escenas de lucha del género, Kar-Wai las dignifica elevándolas a coreografías operísticas, haciéndonos disfrutar con minuciosidad de ellas hasta decir basta.
En el camino se quedan personajes, subtramas, rigor biográfico...., le da igual. Se gusta a si mismo y nos lo hace notar.
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3
No transmite
¿Qué no trasmite? Pues lo que otras películas de cultura asiática si consiguen transmitir.
Honorabilidad, respeto, lealtad, aprendizaje, valores.... no veo nada de sentimiento en la película y tampoco está basada en unos efectos especiales que maravillen.
Bien montadas las peleas y bien ejecutado el "timing" pero poco más.
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9
El poder de los grandes maestros
La nueva oda de Wong Kar Wai (Deseando amar, happy together) es ante todo la mayor propuesta estilista que se ha hecho en mucho tiempo, de tal forma que llega incluso a dejar en evidencia al propio director a la hora de saber contar una historia.
El film se centra en la época de esplendor de las artes marciales chinas abarcando una cronología que va desde la revolución republicana en 1911 hasta el cierre de la frontera entre Hong Kong y la China continental en 1951. En esta etapa de la historia china se forman las academias de artes marciales que dan lugar a los grandes estilos y a los grandes maestros que hicieron leyenda. Ip Man (maestro de Bruce Lee) recorre un duro camino en el que deja un legado en la historia de las artes marciales junto a otros grandes maestros del Kung Fu.
Hay que destacar que bien por error a la hora de mostrar los devenirse de los personajes o bien por abarcar históricamente cinco décadas, a pesar de lo que se suele indicar The Grandmasters no solo cuenta el biopic de Ip Man, sino que también documenta la vida de Er Gong y su padre o El Navaja; otros grandes maestros de las artes marciales. Mostrando una gran admiración hacia las mujeres por la contribución a esta forma de vida, dejando intuir que posiblemente la mayor de las leyendas debiera ser Er Gong.

Esta producción gigantesca de cuatro años de rodaje y otros cinco de preproducción es tan meticulosa en su forma que deja sin aliento. Cada uno de los planos planteados por Wong kar Wai y su director de fotografía Philippe Le Sourd llegan a un extremo espeluznante donde cada fotograma es una auténtica obra de arte. Sin descanso, sin tregua, los 130 minutos de este prodigio son tan enérgicos, explosivos y cargados de belleza que te deja sin aliento. Posiblemente por su largo rodaje, pero es difícil encontrarse con una película tan cuidada en cada uno de sus medidos planos.
No se puede obviar la grandilocuencia de las secuencias que ha configurado el excelente coreógrafo de acción Yuen Wo Ping (Matrix, Kill Bill…) que pe podrían calificar de prosopopeyitas pero que hacen que te agarres fuerte a la butaca y te dejes atrapar con tan exquisito ejercicio. Destacando sin duda la secuencia inicial bajo una torrencial lluvia que deja unas poderosas imágenes que va mezclando el ritmo de montaje rápido propios de la acción con imágenes superlentas de puños cortando la lluvia y movimientos danzarines sobre un caudaloso escenario. Solo hay que añadir para imaginar hasta que punto se habrá cuidado estos precisos y preciosos instantes que el rodaje de dicha secuencia fue de 30 días.
Tal devoción solo puede darse en gente que adora su trabajo, como así exprese Tony Leung que interpreta a Ip Man. Un habitual de Wong Kar Wai que para poder acercar su personaje a le realidad ha estado entrenando diez años con maestros de Kung Fu. En el resto del reparto hay que destacar a Ziyi Zhang (Er Gong) por como siempre dar belleza a sus personajes y a la interpretación de Chang Chen (El navaya, aunque su personaje quede algo desdibujado en el montaje final.
Hacer un nuevo hincapié en el director de fotografía Philippe Le Sourd, quizás solo conocido por “Siete almas” y “Un buen año” y con por ahora un filmografía poco extensa donde predominan los cortometrajes. Habrá que tener muy en cuenta en los años venideros lo que nos puede ofrecer este maestro que ya se ganó al director Hongkonés dejando atrás a su inseparable y no menos genuino Christopher Doyle. Las puestas en escena son muy medidas, apurando en los límites de la cercanía para que cada composición sea geométrica y llena de hermosura. El trabajo con la luz es exquisito ganando puntos de luces en los rostros calidos contrastados con los vestuarios y fondos. Y muy a tener en cuenta, la elección de unos planos con pocos movimientos dejando atrás la actual manía de algunos cineastas en realizar giros artificiosos para no contar nada.

The grandmasters demuestra hasta donde llega el talento y el corazón de cada una de las personas que han intervenido en su creación, y es tan grande, tan devota y tan absorbente que estamos ante un nuevo estilo fílmico que ya han empezó a marca su compatriota Zhang Yimou, donde el poder de la imagen está por encima de la historia. Este film ha de ser visionado desde la mirada artística, aparcando a un lado el guión que no más que una documentación ficcionada. Hay que abrir bien los ojos y el alma para enfrentarte a cada segundo de estas magníficas imágenes. Es un cine que pide abrirse camino, pide ser grande por sí mismo, por lo que contienen sus elementos artísticos en conjunción con la imagen y el sonido. No es que hayan querido despreciar la historia, todo lo contrario ya que la enorme documentación que el mismo director realizó encierra un enorme número de años y numerosas entrevistas a diferentes maestros de las aretes marciales. de hecho, en la historia queda latente un enorme respeto por el honor y el contenido filosófico que encierra la praxis de este tipo de artes. Pero se podría decir que la ejecución de esta obra es pareja a las propias artes marciales. Contienen una historia y una filosofía, encierran sabias palabras y códigos. Pero cuando ves su ejecución la imagen de tan atractivo acontecimiento se apodera de todo lo anterior.

The grandmasters es un film sobre los grandes maestros de las artes marciales ejecutado por unos grandes maestros de lo cinematográfico.
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