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Lemony Snicket - Una serie de catastróficas desdichas (Serie de TV) (2017)

Sinopsis
Basada en los bestsellers mundiales del escritor Lemony Snicket (pseudónimo de Daniel Handler) y protagonizada por Neil Patrick Harris, ganador de los premios Emmy y Tony, Una serie de catastróficas desdichas relata la trágica historia de los huérfanos Baudelaire —Violet, Klaus y Sunny—, cuyo malvado tutor, el conde Olaf, no se detendrá ante nada para adueñarse de su herencia. Los hermanos tienen que adelantarse siempre a Olaf, desbaratando todos sus planes y argucias, para descubrir pistas sobre la misteriosa muerte de sus padres. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
A Series of Unfortunate Events (TV Series)
Duración
50 min.
Guion
Mark Hudis (Libro: Daniel Handler)
Música
James Newton Howard
Fotografía
Bernard Couture
Productora
Netflix / Paramount Television
Género
Serie de TV Aventuras Drama Fantástico Cine familiar
8
La Desdichada Odisea de los Niños entre Catastróficos Adultos
En la serie de libros "Una Serie de Catastróficas Desdichas" se suele desplegar un perverso y finísimo sentido del humor negro.
Su autor, Daniel Handler, alias Lemony Snicket, a menudo emplea esa forma de narrar no como algo planificado, sino como protección ante un mundo inhóspito y cruel, sin ninguna consideración hacia los niños que en él se encuentran.
Los adultos malvados existen, cuenta Snicket, nada que no supiéramos. Pero a veces pueden ganar, y salirse con la suya sin nadie que pueda impedirlo.

Algo que los tres Baudelaire aún no saben al principio de su triste historia.
Como cualquier niño, ellos solo piensan en sus propias cosas, pasan días nublados en la Playa Salada, y no se inquietan porque sus padres les manden dar un paseo fuera de casa.
Porque sus padres saben lo que se debe hacer, un adulto siempre va a saber eso, y no hay manera de que quieran aprovecharse de un niño.

La interesantísima película de 2004 con un magnífico Jim Carrey y un espectacular ambiente gótico quizá no resaltaba tanto el punto que esta no menos espectacular serie quiere destacar: lo duro que es darse cuenta, a tierna edad, de que el mundo es un lugar más frío y lleno de secretos de lo que hemos pensado.
Pero, al igual que la película, la serie elige tratarlo con el más resignado de los humores, sin embellecer nada pero tampoco subrayando todo lo malo que sucede.
Un contenido Lemony Snicket nos lleva de la mano por habitaciones polvorientas y túneles oscuros, estructuras pasadas de la historia que hemos querido que nos cuenten, cuidando nuestra ilusión y nuestra decepción, para que las moderemos siempre que sea necesario.
Otra señal, si se piensa bien, de que esta historia quiere tratar a su oyente con el mayor de los respetos, sin insultar a la inteligencia de quien está harto de oír los mismos finales felices de siempre.

Lemony Snicket sabe que necesitamos sus interrupciones, necesitamos atontar esta historia para tragarla, de lo triste y veraz que podría llegar a ser.
Tres niños huérfanos huyendo de las mentiras y manipulaciones de los adultos no podría ser de otra forma.

Así les acompañamos, en su deriva entre tutores de todos los pelajes y comportamientos, buenos o malos, pero siempre sin ganas de comprender a sus recién adoptados.
Los Baudelaire hablan e intentan hacerse entender, denunciando al horrible Conde Olaf (una grotesca y esforzadísima composición de un desatado Neil Patrick Harris), pero todas las veces reciben un "ya lo entenderéis cuando seáis mayores" o un "cómo habláis así a un adulto".
¿Un adulto de los que engañan y asesinan por una fortuna? ¿un adulto de los que guardan secretos potencialmente mortales? ¿adultos de los que crean sociedades secretas para un mundo mejor que dar a sus hijos y no lo consiguen?
Prefiero seguir siendo un niño inteligente como los Baudelaire que un adulto traicionero e ignorante como el Conde Olaf.

Siendo un niño, seguro que no se me escaparían los guiños autoconscientes de un relato como este, más inteligentes de lo que parece y agradecidamente agridulces en sus reflexiones.
Sin ir más lejos, me perdería toda la "ironía dramática" del episodio en el cine, dónde un cómplice Conde Olaf me está diciendo que para qué ir a ver dichosas películas subtituladas y con canciones, a cines lejos de mi casa, cuando puedo estar viendo esta serie desde la comodidad de mi cuenta Netflix.
No tendría por qué dar un juicio de sabiondo cuando la película acabe, apresurado e inflexible, como suelen hacer los adultos.

Claro que, siendo un niño, tampoco me llegaría a dar cuenta de que los momentos felices pueden dar lugar a otros tristes.
Por eso Snicket nos cuenta esta historia, para que ese adulto que somos pueda ayudar a entender ciertas cosas al niño todavía presente dentro de nosotros, como que esos momentos felices van a seguir existiendo, por muy mal que podamos pasarlo.
Por eso se vuelve a contar una historia como esta.

Que una nueva serie de catastróficas desdichas pueda continuar su funesto desarrollo es algo tan profundamente retorcido e irónico que el propio Lemony Snicket se habría llevado las manos a la cabeza de saberlo.
Pero así somos: nos encanta la pena, la tristeza y la desolación.

Siempre que vengan envueltas en la inspiradora historia de tres huérfanos que nunca se dejaron vencer por ellas.
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14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Si te encantó la película, te encantará la serie
No soy nada partidario de las adaptaciones de películas famosas en formado de serie. He hecho en mi vida pocas excepciones, y esta es una de ellas. La serie contiene las suficientes novedades, los suficientes cambios, para hacer que merezca la pena verla, aun habiendo visto la película. Además aprovecha el mayor espacio para desarrollar en profundidad a los personajes e introducir otros nuevos. Por ejemplo, la cutre compañía de teatro del conde Olaf, que en la película era meramente testimonial, aquí sus miembros tienen nombre y rostro, ocupan un espacio y así pasa con el resto de personajes. También se altera el orden de los sucesos, y todo eso ayuda a disfrutar la serie aunque hayas visto la película.

La dirección artística es igual de fabulosa, el maquillaje, la fotografía, todo ello mantiene la magia y la diversión de la película. Quizá lo que más cambia es el tipo de actuación del conde Olaf. Sencillamente porque los dos actores que lo han dado vida, son completamente distintos. La capacidad histriónica y de gesticulación que tiene Jim Carrey, no la tiene nadie. Los productores y el propio Neil Patrick Harris, conscientes de ello, saben dar un barniz distinto al personaje del conde Olaf. Aviso porque habrá quien no soporte a Jim Carrey y sienta que el Olaf de la serie es mejor, por más moderado. Y al contrario, los que admiran a Jim Carrey, echarán en falta un personaje más pasado de rosca.

Yo no he leído los libros, no puedo compararlas con ellos. Ni decir cuál es más fiel a los libros. Si la serie o la película. Si es verdad que la cinta concentraba siete libros en menos de dos horas, por lo que la serie imagino que ha sabido aprovechar su mayor duración para ser más fiel a ellos. Pero esa es solo mi hipótesis. Lo que si es seguro es que el final de la serie es totalmente diferente al de la película.
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11 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
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