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Ahora sí, antes no (2015)

Sinopsis
Un director de cine independiente sale a cenar y se encuentra con una pintora. A partir de ese instante, las cosas empezarán a cambiar. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
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Año / País:
/ Corea del Sur Corea del Sur
Título original:
Right Now, Wrong Then (Ji-geum-eun-mat-go-geu-ddae-neun-teul-li-da)
Duración
121 min.
Estreno
6 de mayo de 2016
Guion
Hong Sang-soo
Música
Jeong Yong-jin
Fotografía
Park Hong-yeol
Productora
Jeonwonsa Film
Género
Drama Romance
8
Ligar en Corea
En la primera imagen de "Right now, wrong then" vemos a una chica cruzando el umbral de un palacio antiguo que muestra en su fachada el "taijitu", el diagrama del yin y el yang; un brusco reencuadre nos muestra que esa imagen era en realidad subjetiva: nuestra mirada se superponía con la de un hombre que está mirando a la chica. Luego sabremos que ese hombre (Jeong Jae-yeong) es un director de cine que ha acudido a una ciudad de provincias a presentar una película, pero se ha equivocado de día y no tiene nada que hacer durante el resto de la jornada.

Al cabo de un rato, decide entrar él también en el palacio, donde en un patio llamado “de las bendiciones” encontrará a la chica después de echar una cabezada, como un sueño materializado.

La leve y geométrica trama se desenvuelve en torno al posible ligue del director. Con más o menos timidez y temor al ridículo, estas cosas suceden igual en todas partes: él invita a la chica a un café; luego ella lo lleva al taller en el que pinta; él la invita a un restaurante, donde bebe más de la cuenta y trata de que ella haga lo mismo; y ella lo lleva a una reunión con un grupo de amigos; finalmente, él la acompaña a casa, donde ella vive con su madre que la espera bajo la sombra de una gran figura dorada del Buda (según wikipedia, la ciudad de Suwon, en la que la acción tiene lugar, es conocida tradicionalmente en Corea como la “ciudad de la piedad filial”); al día siguiente, asistimos a la presentación de la película por parte del director, y a su marcha de la ciudad.

Entonces la película se interrumpe y vuelve a comenzar: vemos de nuevo el título y la música que lo acompaña; Kim Min-hee vuelve a entrar al palacio, nuevamente seguida por la mirada de Jeong Jae-yeong; aunque el plano es ahora ligeramente distinto, asimétrico. La segunda parte es como la segunda estrofa de un poema que mantiene los elementos de la primera, con sutiles variaciones en los diálogos, situaciones, puntos de vista... El primer cineasta que repitió una misma escena en diferentes versiones fue Ingmar Bergman, al final de "Persona", que se estrenó hace ahora 50 años: el procedimiento dista, por tanto, de ser nuevo, pero el cine ha avanzado tan poco desde entonces que sigue llamando la atención.
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19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Ni ahora, ni antes, ni nunca
¿No querías caldo? Pues toma dos tazas. Presenciamos el encuentro fortuito entre un cineasta y una pintora. Se gustan, se atraen, se cortejan, se demoran en diálogos eternos e insustanciales, se acercan y se alejan, se dilatan en el tiempo aunque saben que el tiempo es limitado y las posibilidades casi nulas, porque él habrá de volver a la capital y ella se quedará atrás en la ciudad en que se conocieron por azar del guionista. Todos los pormenores del galanteo torpe, fallido y obtuso apenas abarcan 24 horas. Podría haber dado lugar a una película interesante, pero nos encontramos ante un engendro repelente e infecto que se hace interminable y produce hastío, desinterés y apatía en el sufrido espectador que se revuelve asqueado en la butaca, sin saber si abandonar la sala de proyección o ciscarse en los críticos que creyeron ver una obra de arte y lo proclamaron sin pudor ni mala conciencia a los cuatro vientos.

Y tras una hora de proyección, asistimos a un posible desenlace… para volver a visionar la misma historia pero con toscas y arbitrarias variaciones. Las meteduras de pata se vuelven aciertos, la pantomima se vuelve farsa, el desamor se vuelve enajenación amorosa, el disparate se vuelve largometraje. La idéntica historia contada de dos formas diferentes (¿y por qué no tres, cuatro o más variaciones?) para suplicio y martirio del anonadado espectador que no da crédito ante tanto despropósito abusivo y veleidoso. Porque no es sólo que la trama carezca de todo interés, que los personajes resulten antipáticos e insoportables, sino que el estilo machaconamente plano, tedioso y largo del director se vuelve una refinada tortura incompetente. Los planos secuencia que jalonan el metraje son chatos y romos y se convierten en una galería de fotos fijas sin ritmo, sin garra, sin enjundia. La combinación caprichosa e inepta de planos fijos y zooms de diletante produce vergüenza ajena y hartazgo.

No hay sofisticación ninguna en el relato ni en la forma de darle ¿vida? Todo se desarrolla exangüe e irritante y se prolonga más allá de lo insufrible. Se puede divagar y filosofar sobre el significado último de la narración, de sus interpretaciones posibles, pero es tan sólo puro onanismo de cartón piedra revestido de falso oropel de trascendencia jactanciosa. Es la típica baratija de festival de cine que recibe el aplauso atronador de los sesudos críticos pedantes y encuentra el rechazo justificado del público, que ve lo que hay, es decir, que no se ofrece nada. Un pretencioso petardo fétido.
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25 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil